Domingo, 17 de Diciembre de 2017

El volcán Turrialba no es un problema natural, es político.

Domingo, 25 Septiembre 2016 17:42

 

Existen hechos reales para los que no estamos preparados: el colapso de los servicios, las pérdidas del sector agropecuario, el deterioro (ya de por sí paulatino) de toda la infraestructura.

Por Daniela Jiménez Montero

 

 

A pesar de que todos los informes del Observatorio Vulcanológico y Sismológico de Costa Rica (Ovsicori) concluyen con la frase “para informar y no alarmar”, los mensajes de tono apocalíptico recorren las redes sociales en los últimos días.

 

Mientras las autoridades alertan sobre el uso de mascarillas y los métodos para el cuido de los animales y las personas con problemas respiratorios, los audios de “amigos del amigo” alertan sobre próximos sismos de 8 grados y recomiendan guardar comida, agua y hasta proponen que acampemos en el patio.

 

Si bien no acabo de convencerme de que se avecina un terremoto de 8 grados, lo cierto es que las imágenes y los videos de erupciones, donde el Volcán Turrialba expide material incandescente, son impresionantes.

 

Los noticieros acosan a los vulcanólogos y muchas personas estamos al tanto de la próxima escena del Turrialba: se advierte el peligro de pérdidas en cultivos y criaderos; los centros de salud se saturan por cuadros de asma y alergias; el centro de San José, Heredia y otras zonas del Valle Central, se transforman cada tanto en paisajes desérticos con remolinos de viento que transporta ceniza; pero no existe un solo cuestionamiento que relacione esta situación con el papel del Gobierno.

 

La prensa ha confirmado niveles de PH 10 veces superiores al habitual en el río Toro Amarillo posteriores a crecidas de agua con sedimentos volcánicos, haciendo que el agua del río sea tóxica para la vida humana, para los peces y las plantas. El año pasado el MAG esperaba pérdidas de hasta un 35% en la producción agrícola. Y podemos decir con toda certeza que el gobierno de Luis Guillermo Solís no tiene un plan para el traslado de los animales de crianza.

 

Y es que no nos encontramos exactamente en la zona más estable del planeta para que ni este Gobierno, ni los anteriores dejen de preocuparse por actividad sísmica o vulcanológica. Si bien es poco probable que nos estemos enfrentando con el fin del mundo, existen hechos reales para los que no estamos preparados: el colapso de los servicios, las pérdidas del sector agropecuario, el deterioro (ya de por sí paulatino) de toda la infraestructura. Y es que hay una cosa que parece obvia: va a haber una erupción de proporciones en algún momento a mediano plazo.

 

Si en este país, a modo de ejemplo, por absolutamente nada se hace un hueco gigante en la calle, ni que hablar del desgaste que puedan sufrir las carreteras y puentes debido a traslados masivos u otras situaciones que nos podamos figurar.

 

Para sorpresa de los defensores de las concesiones de obra pública, Costa Rica no es competitiva en infraestructura. Se encuentra en el puesto 115 el Reporte Global de Competitividad 2015-2016 del Foro Económico Mundial, en el cual se evalúa un total de 140 países, es decir, tenemos por debajo sólo a 25 de ellos.

 

En mayo de este año Luis Guillermo anunciaba inyecciones de capital por pérdidas en el agro pero dejó muy claro que más allá de esa y las medidas habituales de seguridad no había nada qué hacer.

 

Y lo que podemos concluir de todo esto es que para Solís no hay nada más qué hacer, porque no es un secreto que a los gobiernos burgueses solo les preocupa lo que pase en 4 años nada más.

 

Considero urgente elaborar una agenda desde la clase trabajadora, la que padece cada gobierno y cada baño de ceniza, la única que puede limpiar los cultivos, trasladar animales, curar enfermos, hacer los puentes y las calles, y cuyo trabajo perdura más de 4 años; la que cuando pase todo aprovechará el suelo fertilizado.

 

Dicha agenda podría contener los siguientes rubros:

 

  • Adecuación de la infraestructura en general y renovación de la estructura vial en específico. Necesitamos puentes, carreteras y edificios que no se caigan, y una institución de trabajadores que centralice y ejecute su mantenimiento.

  • Planes de traslado para personas y animales, desarrollo de maquinarias para limpiar cultivos. Debemos minimizar las pérdidas.

  • Inversión en la industria alimentaria para el abastecimiento autónomo de alimentos de larga duración. Desarrollo de métodos para potabilizar el agua contaminada.

  • Creación de equipo que permita medir con certeza los cambios y episodios del Volcán, actualmente las instituciones competentes funcionan con cámaras y equipos donados por Estados Unidos, es necesario que invirtamos en el estudio científico de la actividad sísmica y vulcanológica de nuestro país.

  • Elaboración de un plan de emergencia para la atención médica de los padecimientos respiratorios y las alergias.

 

La clase trabajadora mundial ha sido capaz de alzar las obras que por siglos atestiguan su esfuerzo cotidiano, ¿por qué no dejar en sus manos un plan permanente de preparación para el desastre? Si el volcán Turrialba hace de las suyas no nos podemos fiar de ningún presidente, sino de la organización de los que construyen y edifican materialmente la economía costarricense.

 

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