Martes, 18 de Diciembre de 2018

La Familia que no existe más. Más del 65% de los hogares es dirigido por una mujer.

Jueves, 06 Septiembre 2018 15:55

En este texto procuramos dar cuenta de la estructura actual de la familia en Costa Rica. Procuramos con ello dar una explicación de ciertos fenómenos políticos, sociales y económicos que atraviesan a la sociedad costarricense. Además de ello pretendemos dar cuenta de la tendencia en la transformación que está teniendo la familia en Costa Rica y a partir de ello extraer una política socialista y revolucionaria que tienda a unificar las reivindicaciones de la clase trabajadora, el movimiento de mujeres y la comunidad LGBT.

 

Las luchas sociales en Costa Rica

En términos generales Costa Rica es un país estable desde el punto de vista económico. Si bien es claro el impacto de los fenómenos económicos mundiales, como la crisis económica del 2008, también es cierto que la la línea de pobreza y de pobreza extrema se ha mantenido estable a través de las últimas décadas, en torno al 20% de pobreza general y 5% de pobreza extrema.

En general creemos que esto explica la estabilidad política del país. Sin embargo esto no implica que no hayan cuestionamientos a la manera en que la burguesía dirige el país y más bien, en algún sentido, esta estabilidad ha permitido por un lado, como dice el Manifiesto Comunista, que de manera serena los seres humanos contemplen las relaciones que establecen entre sí, dando lugar a una miríada de grupos políticos, artísticos, culturales, etc. que en términos generales crecen anclados en la estabilidad última del país y generan una “espiritualidad” crítica muy interesante si se compara con la historia previa del país.

Por otro lado esta estabilidad es relativa en el sentido de que las movilizaciones de lo que llamamos sectores proletarios (después los definiremos de manera más específica, por ahora simplemente los enunciamos) no se transforman en una lucha abierta por el poder. Pero sí tienden a ser movilizaciones muy grandes, que desbordan objetivamente los márgenes de normalidad política.

Que en un país tan pequeño como Costa Rica hayan movilizaciones de decenas -sino cientos- de miles es un rasgo muy positivo para los socialistas ya que de manera perpetua deja abierta la pregunta de cuál clase social es más fuerte, más grande y consecuentemente cuál es la clase que podría dirigir a la sociedad de conjunto.

Sólo en los últimos meses hemos visto por lo menos dos grandes movilizaciones, de trabajadores y de la comunidad LGBT, una de unas 80 000 personas y otra de más de 100 000. Si comparamos los 80 000 trabajadores movilizados en abril con los 150 000 movilizados en febrero en Argentina contra Macri, siendo Argentina un país con más tradiciones políticas y 8 veces más grande, pues entonces podemos llegar a la conclusión de que las movilizaciones de Costa Rica son, en realidad, bastante grandes.

Si a esto le sumamos el despertar que hemos vivido últimamente del movimiento feminista, que ha tenido un sostenido in crescendo, pues entonces tenemos que en Costa Rica se dan movilizaciones cuyos rasgos se comparten con algunos de los centros capitalistas en América Latina, Estados Unidos e incluso Europa. Si por un lado no han habido movilizaciones tan cuestionadoras del statu quo como las que se dieron en las primaveras árabes, o incluso como las de Nicaragua y Honduras, por otro lado es claro que las movilizaciones anti ajuste, en favor del matrimonio igualitario y de los derechos de las mujeres comparten características -guardando todas las distancias del caso- con importantes países como Francia, Estados Unidos o Argentina, lo que para nada es un hecho menor.

Ahora bien. Una coincidencia no es una relación, como acertadamente señalaba Hegel. Y es por ello que se debe encontrar una explicación de porqué en un diminuto país centroamericano se dan movilizaciones de actualidad internacional, que pueden en un momento álgido de lucha de clases abrir la perspectiva del poder de la clase trabajadora y todas las reivindicaciones de carácter democrático estructural, que centralmente serían antiimperialistas, o sea por su contenido antiimperialistas, como sería por ejemplo la necesidad de permitir la organización de la clase trabajadora en las empresas de capital transnacional y que culminaría en la necesidad mínima de tener una industria para garantizar la independencia económica del país y de Centroamérica, lo que justificaría la expropiación de los medios de producción de la burguesía, centralmente del imperialismo, de los grandes terratenientes costarricenses (preparando una reforma agraria) y de algunos sectores industriales. En el mismo sentido de la lucha por el poder, cobran importancia significativa las reivindicaciones democráticas radicales, es decir aquellas que provienen de los deseos igualitarios de sectores oprimidos o segregados y que generan división en la relativa homogeneidad del estado burgués, enfrentando a la burguesía entre sí.

En ese sentido nuestra estrategia es utilizar los resquicios de la democracia burguesa para acumular fuerzas, construir un partido revolucionario para ir a la ofensiva.

 

El caso del Matrimonio Igualitario

Nos enfocamos en primer lugar en analizar el Matrimonio Igualitario debido a que fue la principal discusión política en las pasadas elecciones nacionales. Es obvio para casi cualquier persona con algo de conocimiento de las discusiones políticas internacionales que, si bien es cierto desde hace algunos años el Matrimonio Igualitario es un tema de discusión en diversos estados del mundo, de ahí a que se convierta en una discusión que decida al futuro gobierno hay algo de distancia. Y sin embargo en Costa Rica no existió esa distancia. Por supuesto, estamos frente a una discusión que se instaló a través de la movilización y la denuncia que la comunidad LGBT hizo básicamente contra cualquier político que asumiera posiciones reaccionarias respecto a dicha comunidad, durante el gobierno de Chinchilla, periodo que coincidió con la campaña de Matrimonio Igualitario desarrollado por el antiguo Frente por Derechos Igualitarios, que en su momento fue un frente único de organizaciones con agenda LGBT.

Alrededor de la discusión del Matrimonio Igualitario se instalaron también todas las discusiones de los derechos de las mujeres, específicamente el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Contra todos los esfuerzos reformistas por mantener la discusión del aborto dentro de los límites de la Interrupción Terapéutica del Embarazo, lo cierto del caso es que la discusión de Matrimonio Igualitario abrió de par en par la discusión del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo en todas las circunstancias. Esto, por supuesto acicateado por las grandes movilizaciones internacionales de mujeres cuyo impacto nacional no pueden contener el PAC ni el reformismo.

Incluso podríamos decir que es la radicalización en torno a los derechos civiles de la población LGBT lo que impulsó el triunfo de Carlos Alvarado, quien apenas tuvo oportunidad, ya desembarazado de la lucha por el Ejecutivo, se apresuró a asumir la agenda de los sectores más reaccionarios, algo que ya de por sí se preparaba desde su campaña, en donde proyectó a su propia familia como un núcleo idílico.

La discusión social sobre Matrimonio Igualitario ha incluso obligado al actual presidente a un inusual mea culpa, responsabilizando al Estado de la segregación civil que sufre la comunidad LGBT.

Dice el presidente: Pasaron 39 años desde aquella noche en el Stonewall Inn, y somos parte de la generación que tiene el desafío de convertir el Siglo XXI en el siglo de la igualdad. El camino que nos queda por recorrer lo recorreremos juntos, todas las personas, todas las familias, hasta que la dignidad, el respeto y el amor sean derechos de todos y todas y privilegios de nadie.

En frases construidas como éstas, diseñadas para engañar, es preciso distinguir lo que es posible de lo que no lo es. En esta frase están in nuce una serie de contradicciones cuya aclaración es necesaria para que los sectores proletarios (trabajadores, mujeres y comunidad LGBT) puedan distinguir sus amigos de sus enemigos, a los embaucadores burgueses y reformistas de los políticos socialistas revolucionarios que honestamente nos colocamos en el terreno de defensa de los trabajadores, de los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBT.

Lo más llamativo de la posición del gobierno del PAC es la contradicción implícita que acarrea su política. Y es en esta contradicción donde por un lado se demuestra el carácter no solo conservador sino abiertamente reaccionario del PAC, así como el proceso que, en nuestra opinión, es el fundamento material y espiritual del movimiento LGBT y del movimiento de mujeres. La contradicción que decimos se aclara cuando se comprende la situación real de la familia.

 

La situación de la familia

Antes de la frase que citamos Carlos Alvarado sostiene que “De la mano de las organizaciones y colectivos, en los últimos años Costa Rica ha avanzado hacia una convivencia más respetuosa de su diversidad, en el reconocimiento de todos los derechos humanos para todas las personas y en la protección legal de todas las familias”.

Esta última cita de Carlos Alvarado es centralmente falsa; en el país no ha habido sino apenas algunas pequeñas protecciones que no llegan a cubrir la generalidad de los casos de uniones de hecho que tiene la comunidad LGBT y, peor aún, oculta cuál es la situación real de la familia en el país. En ese sentido le hubiera venido bien al presidente estudiar en lugar de mentir.

Según la Encuesta Nacional de Hogares del año 2017 en Costa Rica hay 827 011 hogares cuyo ingreso proviene del salario, mientras existen 65 125 cuyo ingreso proviene de rentas de la propiedad. Los ingresos que provienen de la renta de la propiedad cubren el 9,8% del ingreso del quintil de mayor ingreso de las familias y el 3,8% del quintil de menor ingreso. Mientras que el salario cubre el ingreso de más de 40% de las familias en todos los quintiles y para el III quintil cubre el 71,9% del ingreso, el más alto de todos los quintiles.

Esos hogares del quinto y cuarto quintil con ingreso de renta de propiedad son, claramente, los hogares de la burguesía. Mientras que los hogares con ingresos por salario de los cuatro primeros quintiles podrían ser vistos como los hogares de trabajadores. En términos generales los hogares de trabajadores constituyen el 62,8% de los hogares y los hogares burgueses el 6,3%. Respecto de la Encuesta de Hogares del 2016, la variación es mínima, pues el 63,9% corresponde a hogares asalariados y el 7% a hogares burgueses. El resto correspondería a hogares de la pequeña burguesía y a hogares de los sectores más deteriorados de la sociedad costarricense.

Si asumimos los datos del INEC, resulta que el 18.8% de los hogares son pobres. Y de ellos, más del 50% sufre de incumplimiento de derechos laborales, el 64% no tiene seguro social, el 22% está fuera del mercado laboral por obligaciones familiares y el 60% tiene un bajo desarrollo de capital (¡sic!) humano, es decir, no son incorporables a los sectores técnicos más desarrollados de la economía.

Con todos estos datos se delinean las principales clases sociales del país. Nuevamente, el hecho de que el 18.8% de los hogares caigan en la pobreza, es una señal de la estabilidad económica del país. Pero lo interesante es que dentro de esta estabilidad se ha ido dando un proceso de transformación de la estructura familiar que debe ser comprendido de manera justa.

En 2016 del total de 1 496 829 de hogares el 28,6% correspondían a jefaturas femeninas sin pareja y, de manera muy interesante, el 37,3% corresponde a jefaturas femeninas con pareja, o sea que el 65,9% de los hogares es de jefatura femenina. Para el 2017 es de 67,2%.

En diversos medios de prensa burgueses o pequeñoburgueses se ha intentado disfrazar esta tendencia de manera “progresista”, haciendo énfasis en una supuesta diferencia romántica y democrática donde caben todas las familias, según ellos dando la impresión de que la familia costarricense se está diversificando. En realidad, lo que está sucediendo es que la familia se está “femenizando” de manera radical.

¿Cómo es internamente esta familia feminizada? O sea ¿Cuál es el rol de las mujeres dentro de estos hogares? Lo datos a este respecto son clarísimos. Veamos primero el cuadro de actividades no remuneradas según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo:

El siguiente gráfico permite dar cuenta de la relación entre trabajo no remunerado, trabajo remunerado, tiempo libre, etc. que permite dar cuenta de la coincidencia entre la feminización de la jefatura doméstica y la explotación del trabajo femenino.

Como se puede apreciar fácilmente en los dos cuadros, existe una superexplotación del trabajo femenino en los hogares. Este trabajo sirve para garantizar las condiciones que hacen posible la explotación del trabajo asalariado. Es decir, las mujeres trabajan gratis para que sus esposos, hijos e hijas, e incluso ellas mismas, puedan ser después explotadas en relaciones laborales asalariadas. Es esta la familia que Carlos Alvarado oculta.

 

Familia y Consanguineidad

Es muy importante respecto de estos datos comportarse como marxistas. Por ello, siguiendo a Engels, asumismos que la familia es un “principio activo”, mientras que las relaciones de consanguineidad se osifican, al punto que -siguiendo a Morgan- asumimos que sólo cuando las familias han cambiado drásticamente se puede dar un cambio en el sistema de consanguineidad.

Ahora bien, además de estos datos, hemos podido obtener una sola -escandalosa- cifra de hijos nacidos por fuera del matrimonio, que para 1998 era del ¡48% de los nacimientos! Pero podemos imaginar cómo será la situación actual ya que, ante el escándalo de bastardía (que ya de por sí era una vieja institución colonial de la que hablaremos adelante), la burguesía impulsó la Ley de Paternidad Responsable, según la cual se hace una prueba de ADN para demostrar la paternidad de los hijos (¡Si Engels pudiera ver hasta dónde ha llegado la burguesía para asegurar la paternidad!) que seguramente ha surtido cierto efecto. Ahora bien este efecto no ha modificado drásticamente la tendencia de la estructura familiar “femenizada” que vimos arriba.

Entonces podemos concluir que la femeninización de la jefatura familiar es la forma activa de una suerte de disolución de las relaciones de consanguineidad. Pero todavía esa superestructura familiar no ha cambiado lo suficiente como para dar al traste con la actual estructura de consanguineidad. Esta femenización de la familia como elemento superestructural es de lo más importante para las y los socialistas, pues por un lado implica el rol central anti explotador que encierra dentro de sí el movimiento de mujeres, pero otro lado su importancia también radica en la posibilidad que abre para transformar una institución tan antigua como la familia patriarcal, con toda la transformación que podría acarrear en términos de herencia, educación, etc.

Paralelamente, la Sala Constitucional en un voto muy contradictorio y llamativo, básicamente ha votado que el matrimonio comprendido como la unión de un hombre y una mujer es inconstitucional y hace un voto que obliga a la Asamblea Legislativa a modificar jurídicamente el concepto de familia, para que incluya a las parejas LGBT. Ahora bien, en caso de que no hubiera una votación en la Legislativa, entonces la Sala Constitucional aclara que el contenido actual de matrimonio simplemente desaparecerá, creando la perspectiva de que matrimonio será cualquier tipo de unidad entre cualquier tipo de pareja. De fondo esto hará más claro que la familia actual tiende a ser no la familia patriarcal, sino la familia feminizada.

 

La Ilusión de Carlos Alvarado vs la herencia colonial y los rasgos de derecho maternal.

En la primera cita de Carlos Alvarado que citamos, se advierte que él convierte a todas las familias en un sujeto político, es decir, las familias son entes que llevaran a una sociedad sin opresión y sin privilegios. Pero claramente no sabe lo que está diciendo (como por lo demás queda claro en sus acercamientos digamos elementales a Stonewall). No se pueden convertir todas las familias en sujetos con los fines políticos que él establece debido, en primer lugar, a que el 7% de las familias que viven de rentas de la propiedad, viven en realidad de la explotación del trabajo de los otros 67% de los hogares asalariados. Si Carlos Alvarado quiere que no hayan privilegios debería ver la forma de expropiar a ése 7% de hogares y redistribuir la riqueza que ya de por sí es producida por el otro 67% de los hogares… pero para eso nuestro presidente debería renunciar no sólo a sus acuerdos con Piza y Patricia Mora, sino incluso a sus acuerdos con el BCIE, con el FMI, hacer una revolución socialista y expropiar a la burguesía. Algo que, obviamente, nuestro progresista presidente ni siquiera entiende.

Pero en segundo lugar no se pueden convertir todas las familias en sujeto político por un problema que es, en verdad, mucho más antiguo que el de la pura explotación capitalista.

August Bebel, en La Mujer y el Socialismo, menciona al pasar que, cuando Cristobal Colón llegó a las costas caribeñas, se sorprendieron los españoles de ver que entre las sociedades autóctonas de lo que hoy llamamos Caribe, habían mujeres que luchaban contra los españoles, que iban en los barcos y que se comportaban como entre pares con los varones.

Por otro lado, en las últimas elecciones hubo una especie de confesión de parte de la burguesía del país. A partir de la anécdota de que 23 de los ex presidentes de Costa Rica tienen una antecesora en común, una india llamada Catalina Tulia, el Financiero, periódico exclusivo para la burguesía nacional, indicó lo siguiente:

El abuelo paterno de Antonio Álvarez Desanti [Candidato presidencial del partido histórico de la burguesía nacional, Partido Liberación Nacional. Nota de Ed], Isaías Álvarez Castro (1887-1921), era tataranieto doble de Catarina Calvo Delgado (1785), quien a su vez era tataranieta de Francisco Calvo Cardoso (1668-1742), hijo de Ana Cardoso, parda esclava, y el capitán Miguel Calvo, español criollo nacido en Cartago. Ana fue esclava del capitán Tomás Calvo y doña Eugenia de Abarca, padres de Miguel. Al igual que Castro, Álvarez Desanti proviene de esclavos y amos de una misma familia. Curiosamente, Óscar Arias Sánchez, dos veces presidente (1986-1990 y 2006-2010), premio Nobel de la Paz (1987) y padrino político del candidato liberacionista, desciende también por partida doble de Ana Micaela Calvo Cardoso (1690-1729), otra hija de la parda Cardoso y su amante español. Calvo pasó a la historia como el primer español de Cartago que reconoció en escritura pública (1715) ser padre de hijos que había procreado con una esclava.

Y lo mismo con toda una serie de figuras políticas burguesas. El hecho es que la bastardía, como aclaran los voceros de la burguesía, es un producto de la imposición colonial sobre el país. Pero la bastardía es también la demostración de que la familia que imponía el dominio español se basaba en el derecho paterno, según la cual solo los hijos dentro del matrimonio heredaban la propiedad; la misma propiedad de cuya renta vive “nuestro” 7% de los hogares…

Pero, como astutamente señala Bebel, la presencia previa de las mujeres en los distintos ámbitos de las sociedades autóctonas da cuenta de un derecho que no es el paterno, sino que es el opuesto, el derecho materno. Este derecho, para cualquiera que lo quiera ver, si bien es cierto no es reconocido como tal por el estado burgués está vivo aún en las tradiciones de los descendientes de todos los hijos bastardos, de los hijos de los indígenas y de los esclavos, es decir, en los hijos de ése 60% de los hogares jefeados por mujeres. El hecho de que la mitad de esos hogares sean jefeados por mujeres con pareja refuerza la idea de la pervivencia de las relaciones de derecho maternal en la sociedad contemporánea costarricense. Estos hechos, a pesar de que existan múltiples fuerzas sociales patriarcales que vayan en un sentido contrario, sumado a la “feminización” de la familia, dan a las mujeres un significativo rol social y sobre todo político (en las calles, en los centros de trabajo, en las huelgas, etc.) en la sociedad costarricense.

Quien escribe estas líneas no sólo puede dar múltiples ejemplos concretos de familias dirigidas por una mujer, sino incluso por una suerte de asambleas de mujeres, donde se toman decisiones respecto de la estructura familiar. Pero además, como docente, quien escribe ha tenido la oportunidad de interactuar con muchos estudiantes que, ante la explicación de la gens materna que hace Engels, reaccionan con exaltación al dar cuenta de que su estructura familiar es sorprendemente parecida a la gens matrilineal, sobre todo si son de las zonas rurales del país o de familias indígenas o con descendencia indígena, es decir, las existencia de prácticas de derecho materno son una herencia indígena que, por desarrollo desigual y combinado, resurge en sectores proletarios en la medida en que se “feminiza” la familia.

Y es por ello que Carlos Alvarado está engañando a toda Costa Rica cuando sostiene que todas las familias serán el sujeto que elimine los privilegios. En realidad existe una “lucha entre tipos de familias”, que no sólo supone en nuestra opinión la lucha de clases, sino que además supone la lucha de dos derechos claramente diferentes: el paterno y el materno. Uno de los cuales -el paterno- implica la imposición violenta de la herencia y consecuentemente la bastardía como práctica social generaliza, mientras que el otro tiende a la socialización del trabajo doméstico, a la disolución de la horrenda herencia individual y como un todo a la socialización de la reproducción, lo que explicaría que el 55.9% del trabajo de las mujeres consista en “apoyo a otros hogares y a la comunidad”, en términos de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo.

Frente a estas fuerzas milenarias que entran en conflicto en la pequeña Costa Rica, un gobernante tan débil como Carlos Alvarado tiene verdaderamente poco que hacer. Frente a estos conflictos la firma de la ITE es apenas una aguja en el pajar de la totalidad, un confitito con que algunas figurillas que se hacen pasar por feministas pretenden embaucar a las mujeres y, por supuesto, garantizarse un pequeño aparato que les de de comer, sin trabajar, y que les de prestigio por encima de todas las cosas.

 

Las tendencias de la familia y la política socialista

En un muy interesante texto recientemente publicado, Andrea D’Atri y Celeste Murillo apuntan la siguiente idea, muy importante para nosotros:

En las últimas décadas, la extraordinaria feminización de la fuerza de trabajo –que se materializa bajo condiciones de precarización– y la relativa conquista de derechos democráticos que, en cierto sentido, equipara a “ciudadanos y ciudadanas de distintos géneros”, elevó las aspiraciones de las mujeres que hoy padecen el notable contraste entre esta "igualdad ante la ley" y la, sin embargo persistente, “desigualdad ante la vida”. En ese choque deberíamos buscar los fundamentos de esta nueva oleada internacional del movimiento de mujeres que se expresa en las calles de Estados Unidos en solidaridad con la población inmigrante y contra el gobierno de Trump y sus políticas xenófobas, en Argentina por el derecho al aborto, en el Estado español contra la violencia de género avalada por las instituciones del régimen político, por mencionar algunos ejemplos. Esta nueva ola además, aun con objetivos diversos, se reapropia del lenguaje y las formas que, históricamente, construyeron las clases trabajadoras en su lucha contra la explotación: huelga de mujeres, paro internacional de mujeres, “si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”.

 

¿Serán estas manifestaciones el preanuncio de una nueva recomposición subjetiva de esta clase trabajadora del siglo XXI que ha mutado de rostro? ¿Surgirá, de esta nueva configuración de la clase trabajadora, un feminismo anticapitalista y socialista –que hoy apenas representa pequeñas fracciones del movimiento de mujeres internacional– que sea capaz de organizar a amplios sectores de esas masas femeninas? No podemos anticiparlo, más que con nuestra acción militante en esa perspectiva. En todo caso, sea cual fuere el resultado de esta reemergencia del movimiento de mujeres con un proletariado muy diferente al que se configuraba en la década de 1970, se impone la relectura y actualización de los debates ya clásicos entre feminismo y marxismo sobre la relación entre patriarcado y capitalismo y cómo ésta se manifiesta en el trabajo reproductivo, mayoritariamente realizado por las mujeres.

Una nueva configuración de relaciones entre las clases sociales se ha venido dando en Costa Rica desde que empezaron los programas de ajuste estructural, la forma costarricense del neoliberalismo, que después no han hecho más que profundizarse. Los actuales debates sobre la crisis fiscal, el salario único, los pluses salariales, la precarización y el irrespeto a derechos laborales, han sido la manera concreta en que se manifiesta esta transformación, todo dentro de la relativa estabilidad del país. Esta transformación entre las clases sociales ha dado hasta ahora como resultado la mayor extracción de plusvalía, lo que implica un empobrecimiento generalizado de la clase trabajadora, mismo que ha correspondido a la elevación del crédito como mecanismo para mantener el nivel de vida, endeudamiento, etc. Todo lo cual repercute en una mayor explotación del trabajo femenino, sea en el plano de la extracción de plusvalía a las mujeres o en el plano del trabajo reproductivo doméstico no pagado.

En este marco se han dado movilizaciones de sectores que no viven de rentas de la propiedad y a quienes en esa medida les hemos llamado proletarios, recordando que este término hace referencia a aquellos que no tienen nada más que su propia fuerza de trabajo para sobrevivir en el mundo capitalista. Al partir de proletariado, partimos de una definición negativa, es decir, es simplemente un conjunto que se da porque se excluyen a algunos elementos, en este caso quienes viven de las rentas de la propiedad. Dentro de sí, este proletariado puede asumir las más diversas formas y puede expresar sus intereses de muchas maneras.

Creemos que las movilizaciones LGBT y las movilizaciones feministas, si bien han estado hasta hoy dirigidas y organizadas por sectores medios o incluso directamente burgueses, expresan por el fondo las reivindicaciones de sectores para quienes la familia patriarcal burguesa es una imposición que atenta contra su existencia misma, sea a través de violencia femicida o crímenes de odio, la imposición de la maternidad, el trabajo reproductivo no pagado, la obligación real no reconocida de estar casado para reproducir la fuerza de trabajo, la negación al aborto, lo que implica el incremento potencial de familias dirigidas por mujeres y muchas horas de trabajo no remunerado para atender a nuevos seres humanos, etc. Proceso que se ve complementado por la imposibilidad de organizarse en los centros de trabajo así como por el absoluto silencio que juegan las burocracias sindicales respecto de este problema combinado de extracción de plusvalía, feminización de la fuerza de trabajo y feminización de la familia.

Pero la consolidación y confirmación de esta tendencia, es decir de la tendencia hacia la expresión proletaria dentro de reivindicaciones democráticas no es un proceso puramente objetivo. Las posiciones estúpidas del centrismo respecto de la separación estanca entre lo objetivo y lo subjetivo no tienen ningún valor para nosotros, que somos herederos en el sentido teórico de grandes ideas, una de las cuales supone la interrelación entre lo real y lo práctico. Sólo nuestra actividad consciente puede completar el cuadro de una nueva configuración de la clase trabajadora y un feminismo anticapitalista y socialista. Esta actividad consiste en luchar por darle un contenido proletario a todas las movilizaciones de carácter democrático, pero también y no menos importante, consiste en elevar los diversos movimientos a planos políticos, esto es, a una batalla de tendencias políticas por el poder, desde donde se combata contra las posiciones más reaccionarias, pero sin ceder hegemonía (y más bien combatiendo) las tendencias de la democracia burguesa, el centrismo inconsecuente y las caricaturas autonomistas que muestra la realidad.

En ese sentido nuestra política se basa en defender de manera permanente las reivindicaciones más sentidas de las masas proletarias, procurando con ello acelerar su conformación como un sujeto social que no crea las ilusiones que le pintan los gobiernos burgueses.

Es por ello que planteamos las siguientes orientaciones políticas, que son en parte el fruto de extraer tareas prácticas a partir de las tendencias que hemos definido, así como también son el fruto de un estudio que hemos realizado de diversos textos marxistas.

 

1) Por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. No sólo por causales, sino como un acto de autodeterminación de las mujeres sobre su propio cuerpo.

2) Por el matrimonio igualitario. Esto para la comunidad LGBT es fundamental. Pero también es fundamental en el sentido en que Engels termina el Origen… ya que abre la posibilidad de que aparezca como forma de familia aquella que sea deseada por quienes la integren. Sean familias mediadas por el vínculo sexual, por la amistad o por la consanguineidad, no importa. Importa que sea una elección libre y racional y no el fruto de la imposición del dominio burgués de herencia colonial. La votación última de la Sala Constitucional al respecto crea una posibilidad para divulgar esta posición.

3) Exigimos un referendo sobre el protocolo que permite la Interrupción Terapéutica del Embarazo. Son las mujeres y no Carlos Alvarado quien debe decidir al respecto.

4) Una campaña permanente contra los femicidios y contra todas las formas de violencia que vienen de la imposición de la familia patriarcal burguesa, como la violencia sexual a los niños, etc.

5) Por la completa separación de la Iglesia y el Estado. Esto es fundamental para lograr que la institución que públicamente es responsable de siglos de opresión a las mujeres y los niños desaparezca de la faz de la Tierra.

6) Por la construcción de organizaciones de mujeres trabajadoras, sea a través de comités ad hoc en los sindicatos consolidados, sea a través de la creación de organizaciones con objetivos específicos de carácter democrático (el aborto, MI), de carácter estudiantil (como la denuncia a la UCCR o a la UCR) o directamente de carácter trabajador (acoso laboral, salario, etc.). Esto con el objetivo de que las mujeres trabajadoras den cuenta del volumen de fuerza que ellas tienen para exigir sus derechos.

7) Por la organización de las amas de casa para combatir la carestía de los precios y la inflación, con el objetivo de que a través de la organización de las masas explotadas se abra el camino del control de la distribución, de la apertura de los libros comerciales y del control de la producción.

8) Por la instauración de guarderías, restaurantes y lavanderías en los centros de trabajo. Que el trabajo de cuido y reproducción recaiga sobre los empresarios, que son quienes en última instancia se benefician del trabajo no pago a las mujeres.

Estos puntos los defendemos con un único objetivo en mente: la construcción de un frente único de mujeres que, junto con un frente único de trabajadores, pueda tumbar el dominio burgués e impulsar una revolución que ya de entrada no será nacional.

 

Bibliografía:

http://www.inec.go.cr/sites/default/files/documetos-biblioteca-virtual/reenut2017.pdf

http://www.inec.go.cr/sites/default/files/documetos-biblioteca-virtual/reenaho2017.pdf

http://www.inec.go.cr/sites/default/files/documentos/pobreza_y_presupuesto_de_hogares/pobreza/publicaciones/copublicipm-29102015.pdf

http://www.inec.go.cr/sites/default/files/documetos-biblioteca-virtual/reenaho2016_0.pdf

https://www.elmundo.cr/stonewall-inn-orgullo-amor-e-igualdad/

http://ccp.ucr.ac.cr/seminario/pdf/budowski.pdf

http://wvw.nacion.com/ln_ee/ESPECIALES/raices/parientes23.html

https://www.elfinancierocr.com/economia-y-politica/esclavos-india-y-conquistadores-destacan-en/B4W53MHPZRBYNH2DEBAJXQDZYM/story/

http://www.laizquierdadiario.com.ve/Marchan-mas-de-150-000-personas-por-la-diversidad-en-Costa-Rica?id_rubrique=5442

https://www.laizquierdadiario.com/Nosotras-el-proletariado

 

 

 

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