Sábado, 21 de Abril de 2018

Ángela Davis en Costa Rica

Martes, 10 Abril 2018 21:41

Fernanda Quirós

Pan y Rosas

Dos días después de las elecciones presidenciales, y en medio de la alegría y confianza de algunos sectores a causa del resultado electoral, que esconde los ataques a la clase trabajadora y las mujeres, y un día antes de la conmemoración del asesinato de Martin Luther King, llega a Costa Rica la doctora Ángela Davis. Ícono del feminismo negro, la filósofa y activista estaba a cargo de la lección inaugural 2018 organizada por la Universidad de Costa Rica y el Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM), la cual se impartiría en el Teatro Melico Salazar.

 

 

A las 6 de la tarde, con un público de alrededor de mil personas, Ángela Davis sale, acompañada del Rector de la UCR y la Directora del CIEM. La conferencia da inicio con unas palabras del Rector, quien, en su discurso, expresa indignación hacia los femicidios y la violencia patriarcal. Sin embargo, mientras manifiesta indignación ante cientos de personas, en su oficina, su discurso ha naturalizado la violencia patriarcal y, cuando toma “medidas” frente a la violencia patriarcal en el campus, éstas son institucionales, a lo cual, se ha plegado el CIEM.

 

Por fin, llega la hora en que se presenta Davis. Su discurso inicia con una felicitación por el nuevo gobierno del PAC, olvidando que el capitalismo, desde sus raíces, conlleva límites y vestigios racistas, patriarcales y xenófobos, por lo que este modo de producción, no puede responder ante las necesidades de las mujeres por su emancipación real, pues es opresor y explotador.

 

Ángela Davis, en la lección inaugural denominada Feminismo y transformación social en la Era de Trump, viene a presentarnos el papel que debemos jugar y que hemos jugado las mujeres a lo largo de la historia, en medio de un mundo liderado por hombres, blancos, burgueses, heterosexuales, en donde el aumento de armas equivale a un aumento de la demostración de la masculinidad tóxica mediante la violencia sexual, donde hay una precarización laboral que afecta en mayor medida a las mujeres, las cuales también sufren encarcelamiento y migración, así como de la invisibilización del protagonismo de las mujeres dentro de movimientos sociales.

 

Davis caracteriza a Trump como la representación de esa masculinidad tóxica y racista. Trump es, con todas sus letras, el burgués patriarcal, y fue la institucionalidad de la esclavitud, representada en el Colegio Electoral, lo que garantizó las fuerzas políticas necesarias para su elección. En él se refleja el fantasma de la esclavitud.

 

Expuesto lo anterior, hay que hacer un análisis y relación entre el gobierno de Trump y el gobierno del PAC.Y es aquí donde, desde Pan y Rosas, nos diferenciamos de Davis, tanto en su felicitación al nuevo gobierno, como en la caracterización de la era Trump.

 

Trump refleja la crisis de dirección por la que pasa el imperialismo a nivel internacional, lo cual tiene incidencia en los débiles gobiernos latinoamericanos. En Costa Rica, se reflejó con el ascenso del neopentecostalismo y el gane del PAC, el cual carece de un proyecto económico fuerte –respondiendo al imperialismo débil-, proyecto que pretende continuar golpeando a la clase trabajadora y las mujeres. El gobierno del PAC, con su programa neoliberal, en el que pretende hacer unidad con partidos de la burguesía, no se aleja de los mismos intereses del gobierno del Trump. Al dar cuenta de que las mujeres sufrimos opresión por nuestro género, pero también por nuestra clase y nuestra raza, es que no podemos felicitar a un gobierno que se coloca dentro de la clase represora, que ya ha desplegado su represión y opresión hacia mujeres trans, migrantes y de zonas rurales, y que no está por garantizarnos el derecho al aborto.

 

Sin embargo, ante este panorama, en donde hay fuerzas que luchan, encarecidamente, por mantener los viejos hábitos de dominación y opresión capitalista y patriarcal, Davis resalta el otro lado que conformará la dialéctica, aquel que lucha con todas sus fuerzas por derrotar ese viejo hábito: el ascenso del movimiento de mujeres, tal y como se demostró este año en el 8M, con marchas multitudinarias alrededor del mundo.

 

Las mujeres se están levantando”. Para Davis, un ejemplo de ello es que la respuesta de la elección de Trump, fue respondida con una marcha de mujeres en varios lugares del mundo. Sin embargo, para Pan y Rosas, esta respuesta también responde a un problema de hegemonía del imperialismo y un ascenso de la derecha conservadora y fascista, así como del ascenso de la lucha de clases. Efectivamente, las mujeres nos estamos levantando, pero hay todo un camino por recorrer en cuanto a dirección y estrategia feminista.

 

Davis recalcó el femicidio de Marielle Franco y lo califica como un intento de detener el movimiento que llama a una transformación social. También lo caracteriza como un ejemplo del papel que juegan las mujeres dentro del movimiento social, ya que, mayoritariamente, señala que han sido los hombres quienes se llevan el protagonismo, tal y como sucedió con la agrupación Panteras Negras, por lo que resalta que dicha agrupación también estuvo conformada por gran cantidad de mujeres, mujeres pobres, mujeres negras que se negaron a ceder sus asientos en el bus.

 

Desde Pan y Rosas, recalcamos que a lo largo de la historia, se ha demostrado que las mujeres tenemos mayor participación en el ámbito público, en casos de crisis y guerras. Sus luchas han venido acompañadas de la mano con las luchas de la clase obrera contra la explotación. Como ejemplo, tenemos el caso de la revolución de 1917, la cual dio inicio con una manifestación de mujeres por las condiciones de precarización y opresión. En Estados Unidos, las mujeres encabezaron una lucha contra la desigualdad de mujeres migrantes y mujeres negras. Y hoy en día, son las mujeres quienes se enfrentaron a la elección fraudulenta de JOH en Honduras.

 

Para Davis, ese ascenso en el movimiento de mujeres, debe pasar por el liderazgo de las mismas. Pero esto no quiere decir que el liderazgo, entendido como burgués y masculino, sea reemplazar hombres por mujeres, sino que implica cuestionarlo, con el fin de no repetir estructuras de dominación y opresión y construir un liderazgo colectivo y feminista. Un problema que nosotras identificamos, es que, cuando hay crisis de dirección feminista, el liderazgo tiene límites que terminan respondiendo a las mismas estructuras de dominación y opresión capitalista y patriarcal, por lo que sólo las mujeres burguesas, reflejando intereses burgueses (y olvidando a las mujeres trabajadoras), lo logran, como es el caso del feminismo del techo de cristal. La interseccionalidad debe pasar por tener una agenda feminista dentro organizaciones socialistas con injerencia dentro de la clase trabajadora.

 

Luego de cuestionar el liderazgo burgués, Davis pasa a cuestionar otros aspectos como las cárceles, las cuales funcionan como una cortina de humo. Ella explica cómo, el hecho de centrar la culpa en el individuo violador, cuyo castigo es la cárcel, no es suficiente. Aun cuando mil hombres sean castigados con cárcel, no lleva, inmediatamente, a acabar con la violencia patriarcal. El problema del patriarcado, así como el problema del racismo, no se ubica en individuos, sino que son problemas estructurales, por lo que la cárcel como castigo funciona como estrategia para olvidar las razones reales.

 

Desde Pan y Rosas, planteamos una discusión acerca del punitivismo, ya que creemos que, aun cuando los casos de violación deben ser reconocidos como casos de violencia sexual y deben ser repudiables, no es suficiente con enfrentar al individuo desde un marco jurídico y un método carcelario, si esto significa que el Estado sigue manteniéndose intacto y siendo cómplice del patriarcado. Así como la violencia patriarcal no responde a un acto individual, sino que es todo un sistema, nuestra lucha por la emancipación femenina y destrucción del patriarcado, debe ser colectiva y política, no individual. No podemos depositar ninguna confianza en las mismas instituciones que se alían a la burguesía y justifican la violencia patriarcal.

 

Para terminar, Davis nos lanza una pregunta: ¿cómo se puede derrotar a Trump? Pero también nos da un acercamiento a esta respuesta. Sólo una organización radical y feminista, que ayude a entender conexiones entre el género y la clase, en donde la clase obrera reconozca al inmigrante como un igual, y de cuenta que una mujer de clase media no nos representa a todas, ya que existe una jerarquía de la que el feminismo debe partir, podrá derrocar a nuestros grandes enemigos: capitalismo y patriarcado. Un ejemplo de esto, es que el voto en Estados Unidos fue otorgado en 1920, a un tipo de mujeres: blancas; mientras que fue hasta 1965, que las mujeres negras tuvieron acceso.

 

Una de las tareas que nos queda a quienes nos ubicamos fuera del feminismo hegemónico, es re pensar estrategias políticas, desde un feminismo internacionalista y socialista, para combatir la institucionalidad que justifica la violencia patriarcal, como el caso de gobiernos cómplices y responsables de femicidios, la personificación del patriarcado en individuos y la separación de la opresión por género y raza, y la explotación por clase. Hace falta que el feminismo se ponga la tarea de incidir dentro de la clase trabajadora, no para resistir, sino para luchar. Desde Pan y Rosas, nuestra lucha por la emancipación de las mujeres, pasa por la lucha por la emancipación del proletariado. Tal y como señaló alguna vez la comunera Louise Michel, “cuidado con las mujeres cuando se sienten asqueadas de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el nuevo mundo”1.

 

 

 

1 Manifiesto Internacional de la agrupación de mujeres Pan y Rosas.

 

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