Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Ghost in the Shell: reflejos de nuestra realidad en los ojos artificiales de Motoko Kusanagi.

Martes, 06 Diciembre 2016 04:45

Muchas personas, incluyéndome, se cuestionan con frecuencia las posibilidades, límites y avances de la tecnología, y al hacer estos cuestionamientos podemos llegar a diversas conclusiones, entre ellas inferir sobre la tecnología actual y cómo afecta nuestro día a día. Desde la comunicación hasta entretenimiento, la vida diaria está intrínsecamente relacionada con la tecnología, pero no está relacionada a tal nivel que no podamos vivir sin ella, a pesar de que muchos abogan por la indispensabilidad de la telecomunicación y los diversos aparatos como lo son los teléfonos celulares, con todo y algunas aplicaciones innecesarias y alienantes de los smartphones.

Por: Marêo

Shirow Masamune, autor de diversos manga de renombre principalmente en su tierra natal, nos presenta con un mundo en el que la tecnología es ahora verdaderamente indispensable. En su obra Ghost in the Shell, que es probablemente su trabajo más conocido, no solamente nos presenta cuestionamientos existenciales respecto a la naturaleza de la vida, sino también con todo un repertorio de problemas éticos-políticos en un mundo en el que la tecnología de prótesis ha alcanzado un punto en el que cuerpos enteros pueden ser reemplazados por prótesis de cuerpo completo, e incluso partes del cerebro pueden ser intercambiadas por implantes que como conjunto son llamados “cibercerebro”.

 

Es ciencia ficción, proyectándonos un posible camino para el avance incesante de la tecnología, por ello es pertinente un análisis de las emociones y el personaje de Motoko Kusanagi. Protagonista del manga y sus diversas adaptaciones, la atención se centra en ella como Mayor, segunda al mando y jefa de operaciones de campo de la Sección del Comité de Seguridad Pública Número 9 (abreviado como Sección 9), y también en su equipo, compuesto en su mayoría por “cyborgs” con el mismo nivel de prótesis que ella, con la excepción de tres miembros, cada uno con menos “ciberización” cada uno.

 

En primer lugar cabe rescatar un aspecto importante de la Mayor; su cuerpo no le pertenece. En un mundo donde el capitalismo aún prevalece, nadie es capaz de costear un cuerpo artificial de una calidad tan alta como el que contiene el cerebro (su único remanente biológico, igualmente modificado con componentes de un “cibercerebro”) de Motoko. Tanto el costo del “chasis” (un término deshumanizante utilizado comúnmente en el manga y sus adaptaciones) como su mantenimiento, son proveídos por el gobierno nipón del mundo ficticio donde transcurre la trama. Lo mismo pasa con el implante ocular y el brazo prostético de Saito, ambos de tecnología de punta para el momento.

 

Esto es únicamente en tanto ella siga trabajando para ellos en la Sección 9, así que su supervivencia (considerando el costo de un cuerpo prostético, incluso de baja calidad) depende de sus patronos. Esto nos remite a un aspecto importante de nuestra realidad; la precarización del trabajo y la arbitrariedad con la que las decisiones sobre la vida de millones de personas son tomadas, directamente por los patronos, en cientos de lugares de trabajo en el mundo. Además hace pensar en la problemática que enfrentan muchos estudiantes universitarios, quienes estando desempleados dependen económicamente de sus padres, a menos de que se integren al mercado laboral, una solución además poco satisfactoria en una actualidad donde la crisis en la que se encuentra el sistema reduce las fuentes de trabajo y precariza las pocas que existen. La Mayor es consciente de ello, y podemos escucharla, en la adaptación al animé Arise, quejarse de esta situación en la que su vida no depende de sí misma, sino de aquellos a cuya autoridad está sujeta.

 

Por otra parte existe un aspecto importante que nos hace pensar en los estándares de belleza que son impuestos a las mujeres en el patriarcado que domina nuestra realidad. El cuerpo de la Mayor Kusanagi es un modelo de producción masiva, y su diseño fue escogido por el escritor a propósito de las imposiciones estéticas de nuestra actualidad hacia las mujeres. No raya en lo absurdo, como otros personajes en otro tipo de trabajos de ficción visuales (comics, por ejemplo), pues el punto de un cuerpo prostético es que pase desapercibido en un mundo con un porcentaje minoritario de personas totalmente “ciberizadas”, pero tampoco es fácil creer que existan tantas personas en el mundo con un cuerpo que responde a las demandas estéticas patriarcales.

 

Es difícil inferir sobre la decisión de la Mayor de optar por un “chasis” como este, así que es fácil asumir que es precisamente por ser producido en masa, para poder adaptarse fácilmente al sistema. Quedan también muchas preguntas sobre este sistema que relucen gracias a la Mayor y su inteligencia; cuestionamientos sobre los roles de género de los androides, con aquellos de aspecto femenino utilizados como objetos sexuales o en labores domésticas, y aquellos de aspecto masculino para labores militares y trabajos pesados, reflejando el machismo imperante aún en la artificialidad.

 

A simple vista en etapas tempranas de la trama es fácil asumir que la consciencia social ha avanzado en este aspecto, pues el ambiente en que se desenvuelve la Mayor, a pesar de estar rodeada por hombres, no es discriminatorio en ningún aspecto, y ella es respetada como una figura de autoridad y como una persona entre sus subordinados de la Sección 9. A pesar de esto, al enfrentarnos poco a poco con el contexto de la trama, y más aún con las anotaciones del autor respecto a la sociedad en la que se desarrolla, nos damos cuenta de que en realidad su lugar de trabajo es una burbuja, y que aún existe la dicotomía sujeto-objeto como nos lo hace ver la figura de un androide femenino siendo exhibido en una vitrina de una tienda erótica, la mujer es así un objeto más, no un sujeto libre.

 

Todo trabajo de ficción refleja de alguna u otra manera el contexto en que su autor se desenvuelve, pero algunos nos pueden presentar con cuestionamientos diversos sobre dicho sistema, y un amplio arsenal de críticas a sus problemáticas. Ghost in the Shell refleja muchos aspectos de la realidad que vivimos, pero es por medio de un personaje tan importante como su protagonista que podemos escuchar estas críticas, de manera directa de alguien que a pesar de ser ficticio es consciente de su entorno. Es una lástima que sus circunstancias no le permitan tomar un camino diferente en un sistema opresor, pero no por ello nosotros no podemos.

 

 

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