Sábado, 18 de Noviembre de 2017

De best sellers y juventud despolitizada

Martes, 20 Septiembre 2016 17:06

Por:Marêo

 

En la literatura juvenil de mayor alcance existen pocas novelas que lleguen a plantear la realidad al lector de tal forma que pueda ser analizada y cuestionada con el propósito de sacar conclusiones, al contrario, los romances adolescentes y tramas cliché llegan al punto de despolitizar la consciencia de su público meta

 

A pesar de que los libros no han desaparecido, la industria cultural domina las ventas. A pesar de que los libros no han desaparecido, la industria cultural domina las ventas.

La literatura de ficción siempre resulta un medio eficaz de enfrentar al lector con cuestionamientos sobre su realidad en relación a la de la novela (tanto en el caso del realismo como la fantasía o ciencia ficción) o sobre los momentos históricos que han llevado a la realidad que le rodea al punto en el que se encuentra, si hablamos de ficción histórica.

 

A pesar de casos en que se pueden mencionar trabajos con contenido político profundo como La Fundación de Isaac Asimov con su análisis de una sociedad decadente, 1984 de George Orwell y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley presentando distopías que adentran al lector a límites insospechados del consumismo capitalista, el control de masas y la brutalidad de sus regímenes, sin embargo existen hoy en día trabajos literarios que son vistos como referentes entre el público adolescente y adulto joven y carecen de este análisis político.

 

Es una lástima que literatura crítica pase desapercibida en un mercado literario que glorifica la simplicidad y el cliché al qué aferrarse, como si la realidad nacional de la drogadicción en El Diminuto Corazón de la Iguana de Cyrus Sh. Piedra no fuera un problema mayor que conseguir con un amor eterno como el de un par de adolescentes extranjeros.

 

Esto nos presenta con una problemática que puede ser observada también en las adaptaciones al cine que se realizan, escogiendo siempre los trabajos mejor vendidos. A pesar de que existen excepciones como La Canción de Hielo y Fuego de George Martin, donde se pueden hacer inferencias respecto a los acontecimientos y juegos de poder, al igual que en El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, a pesar de que en ambas sagas el centro de atención es otro.

 

En la literatura juvenil de mayor alcance existen pocas novelas que lleguen a plantear la realidad al lector de tal forma que pueda ser analizada y cuestionada con el propósito de sacar conclusiones, al contrario, los romances adolescentes y tramas cliché llegan al punto de despolitizar la consciencia de su público meta.

 

En su mayoría, estas historias se desarrollan dentro del sistema capitalista moderno, y la cereza en el pastel es que en su mayoría tienen lugar en países del capitalismo central, como Estados Unidos y países de la Unión Europea. Van desde los ligues de un adolescente de clase media, que vive en un suburbio, o la estereotípica alumna tímida que resulta enigmática para uno de sus compañeros de clase. Llaman la atención, son sencillas de digerir, pero resulta obvia la profunda alienación de los personajes.

 

A diferencia de 1984 donde al menos existe una persona consciente de los problemas del sistema al que pertenece, en los trabajos de John Green y Nicholas Sparks, por citar un par, no existe ningún tipo de análisis del sistema socioeconómico, y mucho menos un solo personaje que sea capaz de cuestionarlo. Simplemente cae la rutina de ir a la escuela, aprender lo que el sistema educativo crea necesario enseñar, conseguir un título y ser inmediatamente introducido al sistema productivo; un número más que trabaja para multiplicar la producción.

 

Resulta falaz, por supuesto, asumir que toda la literatura es igual, pero estamos hablando del mercado globalizado que tiene alcances infinitos, accesible para las clases medias y fácilmente promocionada. También sería ingenuo asumir que la falta de consciencia y contenido político real en esta literatura sea únicamente producto de la misma, pues esta también depende del momento histórico en el que se produce. Vemos a nuestro alrededor la despolitización en el consumismo capitalista y una recreación enajenante, ajena a los individuos, por ello es sencillo asumir que la literatura que es más vendida sigue estas pautas, determinada por un público sin siquiera consciencia de clase.

 

Como ya se dijo, falsas expectativas emocionales y falsas promesas de vida parecen ser más llamativas que la problemática socioeconómica del país, y a pesar de que existe una consciencia social reducida, a quienes pueden llegar a tener cuestionamientos les parece mucho más sencillo escapar de su realidad entre hojas de papel impresas en el extranjero o en una pantalla de cine que las transmite, que hacer esfuerzos concretos por responder al llamado que hace la realidad para ser transformada.

 

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