Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Una vida con Queen.

Martes, 06 Septiembre 2016 02:59

 

A 70 años del nacimiento de Freddie Mercury es necesario recordar la hipocresía del capitalismo, que por un lado utilizó a estos hombres de impresionantes cualidades artísticas y por otro lado les negó su propia expresión libre de humanidad, de sexualidad.

Por: Esteban Fernández.

 

 

Recién se cumplieron 70 años del nacimiento de Freddie Mercury y las redes sociales han dado muestra suficiente de ello. No es este artículo uno de historia, donde se reciten datos de Mercury o Queen, sobre sus influencias musicales, sobre sus estilos, etc. No rechazo ese tipo de artículos sino simplemente quedan por fuera de mi interés en este instante y si alguien tuviera ese interés, pues puede ir por sí mismo a buscar lo que desee.

 

Este artículo es, por otro lado, casi confesional. Confesional forzadamente, confesional porque así lo quiere la Iglesia Católica Apostólica y Romana y todo el patriarcado que ella impone.

 

Es casi confesional porque, desde niño, me gusta Queen. No recuerdo cuándo fue la primera vez que vi el video de Rapsodia Bohemia, pero sé que desde que lo vi lo recuerdo con relativa nitidez, recuerdo los coros sobre Galileo y las caras difuminándose al fondo de la pantalla. Y recuerdo estar fascinado.

 

Un par de años más tarde mi mamá me regaló el disco con los grandes éxitos de Queen. Ahí conocí Killer Queen, Don’t Stop Me Now, Bicycle Race (de mis favoritas), Somebody to Love, Play The Game, etc. Justo en ese momento, creo que por medio de alguno de mis tíos, me di cuenta de una impresionante novedad: Freddie Mercury era gay. Mi cantante favorito era gay y no sólo eso, había una enorme posibilidad de que todos los miembros de Queen fueran gay.

 

Ya había visto el video de I Want to Break Free, pero ahora todo resultaba diferente. Y me seguía gustando. De hecho Queen me gustaba cada vez más, al punto que terminé consiguiendo todos sus primeros discos en compactos, que finalmente me robaron cuando yo tenía unos 25 años.

 

Durante el colegio, incluso mi gusto por Queen me hizo perder amistades porque pensaban que yo era gay y al ser así, pues seguramente debían mantenerme alejado de ellos.

 

Y todo el punto es que no. Me encanta Queen, cada vez que escucho alguna de sus canciones me siento contento, lleno de energía, de humanidad. Y no soy gay. Pero cada vez que comento que Queen es mi banda favorita, se ciernen sobre mí miradas de distancia homofóbicas bastante distinguibles. Es, por tanto, una confesión decir que Queen es mi grupo favorito y Freddie Mercury mi cantante favorito.

 

Y después, cuando por motivos de mi militancia política estuve articulando toda la campaña de matrimonio igualitario (antes de que el FDI le regalara 30 000 firmas al PAC), pues debo reconocer que haber aprendido a sobrellevar la presión con Queen hizo más fácil asumir la presión de la mirada homofóbica.

 

No es mi lugar hacerme la víctima. Es obvio que la presión homofóbica del patriarcado es muy fuerte para quien sea gay o lesbiana, más si son trabajadores o trabajadoras, más aún sin las herramientas que da la formación y la vida cultural universitaria. Es por ello que me solidarizo en todo lo que puedo con la población LGBT.

 

A 70 años del nacimiento de Freddie Mercury, me parece una completa hipocresía de mi parte no agradecer públicamente toda la alegría, la energía que Mercury me ha permitido sentir. Hace poco murió Juan Gabriel, que si se permiten las comparaciones algo exageradas, sería el Mercury de América Latina. De Juan Gabriel, en verdad, no conozco nada.

 

Sin embargo es una completa desgracia para la sociedad que durante toda la vida, ninguno de los dos haya podido expresar tranquilamente sus inquietudes sexuales, ellos que precisamente hicieron sentir vivos a millones.

 

A 70 años del nacimiento de Freddie Mercury es necesario recordar la hipocresía del capitalismo, que por un lado utilizó a estos hombres de impresionantes cualidades artísticas y por otro lado les negó su propia expresión libre de humanidad, de sexualidad.

 

De Mercury, un personaje tan lleno del viejo humanismo, probablemente por sus raíces zoroástricas, es necesario aprender el amor por la vida, el amor por lo vivo, y por eso mismo tomar conscientemente una batalla que él no dio nunca: la batalla contra la opresión de la sexualidad.

 

Creo que es un buen regalo de despedida para alguien que me ha acompañado toda mi vida.

 

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