Domingo, 17 de Diciembre de 2017

Anotaciones a la Exposición de Federici en Costa Rica

Miércoles, 22 Noviembre 2017 17:14

Colocada desde un ángulo intelectual militante -algo que cualquier intelectual puede celebrar, pero pocos pueden decir- Federici ha recordado la historia del operaismo italiano, de la campaña por el salario doméstico, de las diversas luchas feministas, a manera ya de balance general, lo que permite comprender a Federici como una autora segura de sus posiciones, sin vacilación y con chistes de una tersa ingeniosidad.

 

 

El día 21 de noviembre se presentó en la Universidad de Costa Rica la doctora Silvia Federici, conocida pensadora feminista y militante autonomista. Una autora llamativa por su manera de exponer y por su pensamiento pausado y profundo. Es claro que Federici tiene una idea general de la historia de la filosofía, lo que le da a su pensamiento y exposición un importante grado de concreción, de coherencia y de vitalidad.

Colocada desde un ángulo intelectual militante -algo que cualquier intelectual puede celebrar, pero pocos pueden decir- Federici ha recordado la historia del operaismo italiano, de la campaña por el salario doméstico, de las diversas luchas feministas, a manera ya de balance general, lo que permite comprender a Federici como una autora segura de sus posiciones, sin vacilación y con chistes de una tersa ingeniosidad.

No tenemos objeción alguna a la crítica que Federici dirige a Descartes y su ficcional separación entre mente y cuerpo, que efectivamente es el reflejo en el plano cognitivo de la división social del trabajo en el capitalismo, donde millones de trabajadores son solo cuerpo y los directores de las fábricas y ciudades industriales son la mente que guía la actividad social.

En este sentido es muy importante la anotación de Marx de que “para la economía clásica, el proletariado no es más que una máquina de producir plusvalía; en justa reciprocidad, no ve tampoco en el capitalista más que una máquina para transformar esta plusvalía en excedente” (p. 540, 1986)

La separación mente y cuerpo, vinculada contemporáneamente a la idea de que la mente y el cuerpo son máquinas, se explicaría por la división social del trabajo y por la forma de producción mecanicista en el capitalismo.

En un plano más político, resulta también interesante que Federici apunte hacia la debilidad estratégica de campañas, orientaciones políticas e incluso aparatos teóricos para pensar una salida definitiva al capitalismo. Foucault, la liberación sexual con todo lo progresivo que tuvo e incluso la campaña por el salario doméstico parecen “no haber llegado a las raíces, a las razones fundamentales” de la permanencia de las prácticas capitalistas. Esta lección no debe ser olvidada.

Sin embargo la debilidad de Federici, por otro lado, nos parece que reside en su propuesta teórica de que el trabajo doméstico es “el pilar de la producción capitalista”. Amparada en el concepto marxista de trabajo reproductivo, es decir, el trabajo que sirve para mantener a los productores produciendo, Federici llega a la conclusión de que el trabajo doméstico reproduce una y otra vez a los productores directos, y tal es el sentido en que el trabajo doméstico es la base de la producción capitalista.

Nos parece que Federici comete acá un error teórico, pues equipara dos conceptos diferentes, al identificar el trabajo doméstico con el trabajo reproductivo. Por un lado es cierto que todo el trabajo doméstico es reproductivo, pero por otro lado es falso que todo trabajo reproductivo sea doméstico.

El trabajo reproductivo se hace también en escala ampliada (Reproducción en Escala Ampliada, en Marx) y es uno de los trabajos que aporta plusvalía al capitalista. El capitalista no puede consumir “máquinas de vapor, algodón, ferrocarriles, abonos, caballos de tiro”. En la teoría de Federici el esposo varón consume toda la fuerza de trabajo de la esposa. Pero esta idea de consumo es según Marx “la falsa concepción de la reproducción en escala ampliada por parte de la economía política” (p. 534, 1986).

Dentro del trabajo capitalista, industrial y maquinal, hay un trabajo puramente reproductivo, ajeno al doméstico, realizado por obreros hombres y obreras mujeres, que mantiene productos que no son directamente consumidos por la burguesía, que se transforman en medios de producción sociales acumulados de manera privada, y que es entonces parte integrante de la plusvalía.

Esta reproducción en escala ampliada, es uno de los fundamentos de la economía capitalista y no el trabajo doméstico como erradamente señala Federici. De hecho en la medida en que el trabajo doméstico pierde peso relativo frente al trabajo industrial y queda subsumido dentro de él, como una parcialidad subordinada a las reglas de la valorización del capital, entonces se crean las condiciones para la desigualdad femenina para entrar al mercado laboral. Es la plusvalía el fundamento de la sociedad capitalista y no la familia nuclear, que es precapitalista, a diferencia de lo que señala Federici.

La explicación de Federici tiene la fortaleza de ser siempre empíricamente demostrable. Siempre se puede señalar a una mujer que se dedica exclusivamente a reproducir a sus hijos y esposos. Y siempre se podrá señalar que las obreras hacen doble jornada laboral si se suma el trabajo doméstico. Pero el capitalismo se mueve también por fines abstractos, invisibles y por relaciones también invisibles.

Empíricamente vemos un gran vehículo transportando materiales, madera por ejemplo. No sabemos si esos materiales serán usados para crear muebles, combustible o para construir casas a obreros. La reproducción en escala ampliada, por el grado de abstracción que implica no es empíricamente distinguible, pero sí racionalmente comprensible.

Creemos que el hecho de no comprender el trabajo reproductivo como un trabajo que se desarrolla en las fábricas, con métodos industriales y con mediación del mercado, hace que efectivamente la propia Federici no aporte una salida estratégica al problema del capitalismo.

La reproducción en escala ampliada sienta las bases materiales necesarias para la socialización del trabajo reproductivo. Y esta idea no implica, como dice directamente Federici, el abandono al contacto afectivo y empírico con recién nacidos. Pero sí veríamos como los trabajos reproductivos domésticos pasan uno a uno al ámbito de la reproducción ampliada, condición material que indiscutiblemente sacaría a las mujeres de la esfera exclusivamente doméstica.

Esto permitiría superar el límite estratégico que la misma Federici tiene. Federici apunta una y otra vez a la resistencia frente al capitalismo. Un sentimiento que es muy poderoso. Pero sin embargo insuficiente. No se debe apuntar a resistir por siempre, sino a ganar, a ganar de una vez por todas. Y en ese plano, las actuales condiciones materiales de producción y reproducción capitalista, socializadas y organizadas de acuerdo a un ordenamiento racional-afectivo (o sea cognitivo), feminista y socialista de las relaciones de producción y reproducción, parece ser el camino científico más seguro para lograr la emancipación de las mujeres.

Por: Esteban Fernández.

 

Bibliografía:

Marx, K. (1986) El Capital I. Editorial de Ciencias Sociales: La Habana

 

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