Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Trotsky sobre América Latina

Lunes, 31 Julio 2017 23:13

Hasta ahora los escritos de Trotsky sobre América Latina no se han convertido en herramienta constructiva de las organizaciones revolucionarias. Acá presentamos un pequeño texto de análisis de varios de los textos producidos por Trotsky mientras estuvo en México, a finales de los treinta.
Por: Jorge Cruz.

A. Introducción

Un proyecto político serio tiene ciertos requerimientos que no son puramente administrativos o burocráticos. Un proyecto político tiene sobre todo requerimientos teóricos propios, no susceptibles de ser desarrollados aprioristicamente, esto es, en el buen sentido filosófico, no pueden ser independientes de la experiencia. Nuestra teoría no es caída del cielo sino que es el fruto de generaciones previas y es por ello que solo si se aclara cuáles son los postulados teóricos sobre nuestra realidad centroamericana, regional, es que se puede lanzar un proyecto político socialista y revolucionario.

Ahora bien, un proyecto político revolucionario debe dar cuenta no solo de conjuntos de relaciones políticas actuales y jerárquicamente organizados, sino también de la manera histórica en que se han establecido esas precisas relaciones y jerarquías, esto es, y para hablar más sobre terreno, conocer las relaciones de opresión y explotación actuales y cómo se han transformado en el tiempo, en nuestro caso no solo de Costa Rica, sino del conjunto del Caribe.

Es por ello que en primer lugar un partido revolucionario debe conocer lo que otros revolucionarios han hecho y opinado sobre esta región, pues de otra manera no se aprendería de manera adecuada sobre la experiencia y se confundiría la teoría con las experiencias empíricas elementales de nuestros sentidos, que es lo que mayoritariamente sucede con los revolucionarios de la región: son empíricos desde el punto de vista teórico, y es por ello que la mayoría de núcleos revolucionarios anden a tientas políticamente, al punto que solamente el cumplimiento de las leyes burguesas para la participación electoral han sido -hasta hoy- las reglas constructivas de diversas variantes trotskistas.

Aprender de la teoría de otros revolucionarios es un paso indiscutible en el lanzamiento de un proyecto revolucionario precisamente para dar cuenta de cuáles son las reales tareas políticas revolucionarias y de ahí extraer las tareas constructivas. En ese sentido reconocemos que usamos herramientas conceptuales desarrolladas entre otros por Marx, Engels, Lenin, Luxemburgo, Gramsci. Como decía Lenin, sin teoría revolucionaria no hay política revolucionaria, de tal manera que privilegiaremos acá contenidos teóricos. Nos movemos entonces en el ámbito crítico del socialismo científico, de donde extraemos enseñanzas para pensar el futuro.

Por otro lado de Filipinas a Aleppo un fascismo “aggiornado” muestra su sonrisa en el mundo, y cuyo jefe mundial está en la Casa Blanca. Para América Latina, con Trump, no habrá política del buen vecino que valga.

¿Qué tareas implica para la región esta nueva coyuntura? ¿Qué implica para los revolucionarios de la región?¿Cómo debemos tratar a la clase obrera de los Estados Unidos?¿Es la misma política la que se debería aplicar en México, en Centroamérica, en el Caribe, en América del Sur y en los Estados Unidos? ¿O será acaso la misma estrategia?¿Cómo luchar contra el imperialismo?¿Es posible el socialismo en Latinoamérica?

Como un primer acercamiento para resolver estas cuestiones presentamos el siguiente texto. Acá desarrollaremos las orientaciones definidas por el revolucionario socialista que más ha aportado a comprender críticamente la experiencia de la URSS, León Trotsky. Más en específico, procuramos establecer las tareas políticas, revolucionarias y socialistas que Trotsky definió para América Latina, como una herramienta indiscutible para sobrepasar los vicios empíricos y administrativos que han cundido en los revolucionarios socialistas de la región por décadas. En este sentido, no solo asumimos conceptos como bonapartismo sui generis, manejado por casi todo el trotskismo contemporáneo, sino que, insistimos, ordenamos jerárquicamente las tareas políticas heredadas por Trotsky.

Este texto forma parte de un esfuerzo por pensar la región y sus tareas, que ya hemos avanzado pensando un plan económico para Costa Rica basado en el control obrero de la producción, una crítica sobre los “bonapartistas revolucionarios” y otros elementos políticos más puntuales. Queda la tarea de exponer los fundamentos filosóficos del pensar desde la fragmentación periférica y de los proyectos culturales vinculados a esta visión, tarea que estamos ya avanzando.

Hemos realizado el presente texto que estudia varios textos publicados en Clave, la revista que dirigió Trotsky durante su estancia en México. También tomamos entrevistas, charlas, artículos de colaborares, entre otros, en los que se da un perfil de las tareas que Trotsky ubicaba para los revolucionarios en la región. Trabajamos con el tomo 4 de las Obras Escogidas editadas por los compañeros del CEIP León Trotsky, a quienes les agradecemos además su trabajo, pues colocan una herramienta excelente para perfilar las orientaciones políticas de la revolución socialista en la región.

De esta manera presentamos una estrategia militante revolucionaria y socialista, capaz de relanzar el proyecto socialista por encima de la desmoralización que ha significado la destrucción de la URSS y respecto de los objetivos más generales de la revolución de todos los oprimidos y explotados en la región

Este texto además ha sido construido con el valioso aporte de los compañeros de la Fracción Trotskista de Venezuela y lo utilizaremos como una herramienta constructiva de manera que permita definir un acuerdo estratégico para todos los revolucionarios socialistas de Centroamérica, que permita superar el funcionamiento fragmentario, parcial y tacticista de la mayoría de nuestras organizaciones.

Para contextualizar los postulados de Trotsky sobre la región haremos un primera parte donde planteamos los grandes rasgos de la teoría de la revolución permanente, dentro de la cual estaría incorporada la teoría de la revolución para Centroamérica y el Caribe como una forma especial de esta teoría.

 

B. La Teoría de la Revolución Permanente.

Es imposible abordar cualquier cuestión de la revolución para América Latina si no se parte de la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Sin la teoría y programa de la revolución permanente resulta muy difícil comprender las principales aristas de los análisis y posicionamientos de Trotsky no sólo de la realidad latinoamericana de su tiempo sino centralmente de nuestro tiempo. En este sentido, el anclaje de la teoría de la revolución permanente de Trotsky resulta insustituible a la hora de pensar los procesos políticos latinoamericanos actuales, desde la óptica de unir la lucha por las demandas democráticas estructurales, como la emancipación nacional y la cuestión agraria con la revolución proletaria, contra las ilusiones reformistas, etapistas y semietapistas.

En el segundo prólogo de su libro La Teoría de la Revolución Permanente, Trotsky brinda una explicación de los llamados tres aspectos de la teoría: el primero de ellos era que “los objetivos democráticos de las naciones burguesas atrasadas conducían, en nuestra época, a la dictadura del proletariado, y que ésta ponía a la orden del día las reivindicaciones socialistas”. De esta forma la revolución democrática devenía en socialista, y a esto nos referimos cuando hablamos del carácter permanente de la revolución.

Históricamente las revoluciones democráticas más importantes antes de la revolución rusa del 17 habían sido las revoluciones estadounidense y francesa. La primera había logrado una independencia nacional de Inglaterra y compartía con la segunda conceder la ciudadanía para los individuos varones adultos y entregar tierra a los campesinos para que ahora funcionaran definitivamente como propietarios privados -burgueses- de la tierra. Este programa sobre todo campesino era profundamente democrático y es por esto que a este tipo de tareas estructurales se les llama democráticas.

Ahora bien, ya para el siglo XX la burguesía se había transformado y era incapaz de llevar a cabo estos objetivos democráticos en estados capitalistas no desarrollados y es por ello que en teoría sólo el proletariado, organizado en partido revolucionario, era el único que podría llevar adelante las tareas democráticas, en su forma íntegra y efectiva. De allí se seguía la tarea de unificar a la clase obrera y el campesinado contra la burguesía y contra las antiguas clases feudales.

En este enfrentamiento con la burguesía, la única manera de conseguir las libertades democráticas estructurales de las que hablamos, era necesario avanzar en las reivindicaciones socialistas (la expropiación de la burguesía, etc.), es decir, la revolución no se detiene en las tareas democráticas sino que deviene en socialista.

El segundo aspecto de la teoría de la revolución permanente correspondía a la dialéctica misma de la revolución socialista como tal. “A lo largo de un período de duración indefinida y de una lucha interna constante, van transformándose todas las relaciones sociales. La sociedad sufre un proceso de metamorfosis”.

El tercer aspecto incumbe al aspecto internacional de la misma: “La revolución socialista empieza en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término y remate en la mundial. Por lo tanto, la revolución socialista se convierte en permanente en un sentido nuevo y más amplio de la palabra: en el sentido de que sólo se consuma con la victoria definitiva de la nueva sociedad en todo el planeta”. (La teoría de la Revolución permanente, compilación, pags, 416-417).

Con este marco teórico general veamos las tareas perfiladas por Trotsky para la región, mismas que hasta donde sabemos nunca han sido estratégicamente asumidas por el trotskismo centroamericano y que precisamente por ello colocamos como base estratégica para el agrupamiento revolucionario en la región.

 

C. Las Tareas perfiladas por Trotsky.

1) El carácter estratégico de las revoluciones en la región.

Como elemento de enseñanza, Trotsky hacía énfasis en los problemas democráticos como prioridad para los revolucionarios de la región. Ahora, por supuesto no son problemas democráticos “suaves”, sino en primer lugar las tareas de la revolución antiimperialista, condición básica de la política revolucionaria por el peso del imperialismo estadounidense.

Respecto de esto, resulta lo más interesante para esta “coyuntura Trump” el que Trotsky, como era de esperarse, tuviera una posición que básicamente es contradictoria. No es una contradicción formal, sino una dialéctica, por esto es una contradicción que pone dos elementos en la balanza, el proletario estadounidense y el proletario y naciones del resto de América.

La revolución socialista de la región tiene como premisa que la clase trabajadora estadounidense tome el poder y socialice su riqueza. Trotsky es enfático que una revolución obrera en América Latina no podrá ir por sí misma al socialismo. Ahora bien, la revolución democrática latinoamericana es antiimperialista, es la revolución contra la dominación regional del imperialismo.

Es por ello que ambas revoluciones deben estar unificadas, pues ambas enfrentan el mismo enemigo: el imperialismo estadounidense, con la contradicción anunciada de que ambos sujetos revolucionarios no tendrían completa conciencia de la importancia de su unidad, sino que simplemente hay que asumir que en ambos grupos habrán sectores que son inconscientes de la necesidad de establecer las más fuertes relaciones políticas entre oprimidos y explotados que tiene un enemigo en común. Ni la clase obrera norteamericana nativa es consciente totalmente de la importancia de las naciones latinoamericanas, ni las oprimidas naciones (o incluso “semi naciones”) latinoamericanas son conscientes de la importancia de la clase obrera estadounidense.

La IV Internacional sería el proyecto organizativo responsable de desarrollar fuertes relaciones unitarias entre ambos sujetos revolucionarios. En ese sentido se desprende que los revolucionarios de la región deben tener en su cabeza dos revoluciones diferentes, cada una con sus especificidades, con puntos de encuentro estratégicos entre ambas, dependientes una de la otra, pero no la misma.

Y solo así, asumiendo estas dos tareas, es que se puede plantear la consigna política más general de nuestra región: por los Estados Unidos Socialistas Soviéticos de Toda América. En este sentido, posiciones típicamente pequeñoburguesas de parte de “dirigientes” trotskistas a quienes la reunificación de la IV Internacional “no les quita el sueño” no tienen cabida si se comparan con las posiciones de Trotsky.

No vemos ninguna manera en que el actual fraccionamiento del movimiento trotskista sea capaz de desarrollar esta tarea. Esta tarea, de hecho, es unitaria. En nuestra opinión, es una tarea que todos los trotskistas de la región, así como de aquellos que sientan genuinamente el llamado de la revolución socialista, deben llevar adelante. Esta es la principal tarea tal y como la orienta Trotsky y como tal debe ser el principal objetivo militante.

Trotsky remarcaba la dificultad de que estas tareas combinadas hacen que la perspectiva de la militancia revolucionaria y socialista sea compleja, difícil, y que sus resultados sean además mayoritariamente dependientes de las luchas de clases en los países centrales. No hacemos acá ninguna lectura pesimista. Es necesario que las y los revolucionarios de la región asuman la tarea que la historia les impone, por complejas y difíciles que sean, como requisito para ganar la fortaleza moral con que después le plantearemos a nuestra clase obrera y a los demás oprimidos de nuestros estados burgueses deformados nuestra visión estratégica. Esta dificultad no desaparece si participamos en elecciones, ni desaparece si decidimos no formar a los jóvenes compañeros como cuadros de la revolución, como hacen algunos grupos trotskistas. Esta dificultad no deja otra opción más que enfrentarla.

Ahora bien en concreto asumir un programa antiimperialista en la América Latina pasa por la consigna del poder obrero. En un texto titulado Discusión sobre América Latina (pag 133 y siguientes) en el que se discute sobre la revolución permanente en América Latina, Trosky afirma: “También hay que hacer concretas las cuestiones de la toma del poder por el partido obrero en México y en los otros países de América Latina. La segunda es la de la construcción del socialismo. Por su puesto, será más difícil construir el socialismo en México de lo que lo es en Rusia. Pero no está del todo excluido que los trabajadores mexicanos puedan tomar el poder antes que los obreros de Estados Unidos, si estos últimos continúan avanzando tan lentamente como hoy. Diría que es particularmente posible si el movimiento imperialista en Estados Unidos empuja a la burguesía a dominar a Latinoamérica.” Y luego a seguir escribe “Como primer paso en la nueva etapa del imperialismo norteamericano, Roosvelt o su sucesor deberá mostrar el puño a Latinoamérica para asegurar su tutela económico-militar sobre ella y esto provocará un movimiento revolucionario -y pensamos que con más éxito- más decisivo que en China. En estas condiciones, los obreros de México pueden llegar al poder antes que los de Estados Unidos. Debemos empujarlos y alentarlos en esta dirección”. Y concluye en esta parte “Pero esto no significa que construirán su propio socialismo. Deberán decidirse a combatir al imperialismo norteamericano, lo que significa, que reorganizarán las condiciones agrarias de su país y abolirán la pérfida sociedad parasitaria que juega un rol tan grande en esos países, dándole el poder a los soviets de obreros y campesinos y combatiendo contra el imperialismo. El futuro depende de los acontecimientos en Estados Unidos y en el resto del mundo”.

En este sentido una caracterización crítica de Trotsky sobre la región tiene que ver con la facilidad con que la militancia tiende a abstraerse de las tareas políticas democráticas y plantear la revolución social como una tarea que resolverá todos los problemas, cuasi mágica, abstracta e inmediata. Es decir, los militantes de la región, ya en época de Trotsky, tendían a obviar la necesidad de hacer política en el más estricto de los sentidos, en el sentido de olvidar la necesidad de hacer política en la vida burguesa, de entrar en la sustancia política de nuestras fragmentadas sociedades. Creemos que esta crítica es actual. Afecta a las organizaciones de la región no solo su fraccionamiento, sino también la abstracción general que hacen de sus tareas concretas, particularmente de los problemas democráticos de nuestras repúblicas burguesas atrasadas, semi-coloniales o coloniales.

Existe una tendencia en cierta militancia tienden a ignorar las tareas democráticas, concretas y hasta inmediatas para hablar en un sentido abstracto de la revolución socialista. Esto surge de una separación entre un programa mínimo y un programa máximo, que tiene como base no partir de la revolución permanente. O parten en quedarse en el programa mínimo o solo plantear el programa máximo, o para decir a ciencia cierta, lo más normal es que esa militancia viva luchando por cuestiones de programa mínimo (haciendo eterna vida sindicalista) y planteando las tareas del socialismo para los días de fiesta. Lo que diría es que esa “militancia” a la que se refieren es que no parten de la revolución permanente en el sentido arriba planteado, la necesidad de luchar por las demandas democráticas en articulación con un programa de transición que lleve a los obreros a comprender la necesidad de la revolución socialista.

Solo desde la perspectiva de la revolución permanente es que podemos ver la relación dialéctica entre la revolución en los países latinoamericanos y en Estados Unidos, esto es: que ambas revoluciones deben estar unificadas, pues ambas enfrentan el mismo enemigo: el imperialismo estadounidense.

 

2) La política dentro de nuestros estado burgueses semicoloniales o coloniales.

Acá lo más llamativo resulta la posición de Trotsky sobre la nacionalización del petróleo mexicano, una posición muy democrática de donde se extraen tareas estratégica y enseñanzas tácticas.

El petróleo mexicano fue expropiado al imperialismo inglés por el gobierno de Lázaro Cárdenas; este petróleo además fue dado en administración a la clase obrera, a través de su sindicato, que a la vez era parte del Estado, de tal manera que los dirigentes sindicales de los obreros eran también sus jefes administrativos, sus jefes estatales.

Con un ángulo democrático Trotsky extrae de acá dos conclusiones. La primera va sobre la necesidad de luchar por sindicatos democráticos, donde todas las tendencias políticas se expresen y se centralice por mayoría. Esto es importante pues el trotskismo regional tiende a distanciarse de aquellas bases sindicales cuando éstas no votan sus posiciones. Trotsky no sólo insiste en que todos los militantes de la región deben formar parte de sindicatos, sino que además se deben centralizar a la votación de la mayoría. Esto obliga implacablemente a luchar por la formación de fracciones revolucionarias dentro de los sindicatos, con el objetivo de ser la dirección sindical por encima de cualquier facción burocrática.

La segunda es más interesante pues Trotsky ve la posibilidad de que la administración de franjas enteras de la industria dentro del estado burgués puedan ser controladas políticamente por la clase obrera y que desde allí se denuncien todos los errores de administración burguesa de otras franjas, así como los sabotajes al control obrero. Pero no sólo para denunciar las estupideces administrativas de la atrasada burguesía regional, sino sobre todo porque este es un paso para enseñar a los trabajadores el camino del poder obrero, idea desarrollada en la misma época en el Programa de Transición.

Es indiscutible que el control obrero de instituciones costarricenses (para poner el ejemplo) como el Instituto Costarricense de Electricidad, el Patronato Nacional de la Infancia, la Universidad de Costar Rica, el Ministerio de Obras Públicas y Transportes está a la orden del día en el estado costarricense, donde la burocracia burguesa y la corrupción van de la mano.

 

3) Sobre las expropiaciones en los estados burgueses.

Como decíamos, el ángulo democrático es un ángulo antiimperialista, y esto permite a Trotsky preparar a la militancia de la IV Internacional frente a cualquier expropiación que el estado burgués haga a la burguesía nativa o al imperialismo, bajo la caracterización de que esta expropiación es un criterio elemental para el desarrollo independiente de cualquiera de estos estados explotados por el imperialismo, la expropiación es así un criterio básico para cualquiera de nuestros estados burgueses. Es decir, hay una relativa normalidad en que cada cierto tiempo en América Latina veamos expropiaciones como las que hizo Cárdenas, Castro o Chavez, puesto que sin ellas no hay manera alguna de ganar independencia frente al imperialismo. Pero este tipo de expropiaciones por sí mismas no son medidas socialistas, sino medidas democráticas elementales para el surgimiento y sostenimiento de cualquier estado. Varias veces avisa Trotsky que estas medidas nada tienen que ver con el socialismo, puesto que en México y en los otros países, simplemente no puede haber socialismo, a menos que, como decíamos, la clase obrera estadounidense expropie a sus explotadores y haya un gobierno obrero en América Latina.

Se debe entonces defender la expropiación por parte del estado burgués semicolonial o colonial, y remarcar que nuestro proyecto estratégico es otro: la expropiación del imperialismo y de la burguesía nativa desde el ángulo de la revolución permanente, esto es, desde el ángulo del control obrero de la producción.

Ahora bien, esta posición “amigable” de Trotsky sobre las expropiaciones del estado burgués al imperialismo marca un camino no sectario de tratamiento con los procesos que han logrado expropiar franjas industriales de las burguesías imperialistas o nacionales. Marca un camino simple de no confusión del proyecto político de la IV Internacional. Por supuesto Trotsky no tuvo acceso a la Revolución Cubana, que al declararse “socialista” no hacía sino alterar el sentido soviético y revolucionario del término en función de una burocracia que administraba con las reglas del estado obrero burocraticamente deformado. Este hecho presumiblemente modificaría la táctica “amigable” por una crítica más dura.

En todo caso, queremos remarcar que Trotsky no tiene ningún vicio sectario respecto de esas experiencias de expropiación, recomienda marcar, enérgicamente por supuesto, que nuestro proyecto es otro, es el socialismo mundial emancipador. Nuestro proyecto es que sea la clase trabajadora la que expropie las grandes propiedades y administre la sociedad en función de la revolución antiimperialista de la región, no que lo haga una capa de “bonapartes” romántico-liberales.

La administración de la clase obrera abriría toda una profunda discusión, a la que no han podido llegar aún ningún “Bonaparte”, ni Cárdenas, ni Castro, ni Chávez, ni Perón, etc. Este tipo de expropiación sería un paso importantísimo en el camino de la revolución socialista.

Si se logra el control obrero de toda la industria nacional en alguno de nuestros estados Latinomericanos entonces el imperialismo estadounidense tendría su verdadero talón de Aquiles, lo que objetivamente sería una ventaja para la propia clase obrera estadounidense y para los demás oprimidos de la región.

 

4) El profundo contenido anti-imperialista de la IV Internacional: luchar contra nuestro imperialismo.

Todas las tareas planteadas están siempre ligadas al antiimperialismo al punto que Trotsky repite su política histórica, heredada de la experiencia de la Primera Guerra y la revolución obrera que corrió por media Europa, respecto de que es suicida políticamente escoger alguno de los bandos imperialistas en caso de pugna entre ellos: se debe ser profundamente antiimperialista.

Es por ello que en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky insistía que el miedo al fascismo no debía lanzar a la región a los brazos de Roosevelt que se pintaba de democrático, sino que la primera tarea, aquella que realmente destruía al fascismo, era combatir contra todo el imperialismo, principalmente el estadounidense, cuyas promesas democráticas para el mundo se apoyaban en una bandada de generales, bonapartes de derecha herencia histórica de la figura del capataz, como Getulio Vargas en Brasil, o Somoza en Nicaragua.

Respecto de esto podríamos decir que Trotsky vislumbró que el apoyo a Roosevelt iba a ser pagado, en caso de que ganaran los Estados Unidos la Segunda Guerra, con un puño de hierro. Todos los golpes militares de América del Sur no han sido sino esto. Todos sabemos que todos los golpes militares en la región han sido, son y serán orientados y/o asumidos por el imperialismo estadounidense en función exclusiva de sus intereses, es decir, mantener explotadas y oprimidas a las repúblicas que orbitamos alrededor de ellos. Es por ello que nuestra primera tarea, y nuestro apoyo objetivo a la revolución socialista mundial es combatir contra el imperialismo en general y el estadounidense en específico.

Ante la perspectiva de Trump-Putin de iniciar una nueva carrera armamentista, las enseñanzas de Trotsky cobran particular vigencia.

 

5) Sobre la Migración.

Para finalizar, se le concede un lugar específico al problema de la migración, que se piensa como un eslabón que junto a la IV Internacional, pueden unificar a la clase trabajadora estadounidense y las naciones latinoamericanas. En ese sentido, creemos que se puede extraer que en la región la migración no es una imposibilidad militante, sino en parte lo contrario, a pesar de ser extraordinariamente complicada de asumir organizativamente.

En tiempos de Trotsky, sin embargo, la migración no era tan abrumadora como lo es contemporáneamente. Esto dificulta aún más las tareas de independencia nacional pues la clase obrera de muchos de nuestros países se encuentra, de hecho, en otro país. Sin embargo, también hace que las tareas de unificar (dentro de las posibilidades) a la clase trabajadora estadounidense nativa y las nacionalidades oprimidas se facilite. En este sentido las movilizaciones de la juventud estadounidense contra el proto fascista de Trump son esperanzadoras en la coyuntura.

 

D. Bajo la Bandera de la IV Internacional: Por la refundación revolucionaria de la IV.

En general, Trotsky marca mucho la dificultad en la región para la militancia revolucionaria y socialista. Esto hace que la construcción de la IV Internacional sea un objetivo ineludible para todos los militancias que se reivindican trotskistas, así como para aquellos que se planteen un mundo sin opresión ni explotación.

Muchas cosas han pasado desde que Trotsky delineó sus ideas. Pero sin embargo estas tareas estratégicas, al ser expuestas en un momento de enorme convulsión política, y de cuyo resultado iba a depender la dinámica general de las naciones latinoamericanas, nos parecen muy agudas y muy valiosas para empezar a ordenar y jerarquizar las tareas de los revolucionarios en la región, para construir sobre ellas una poderosa organización militante socialista y revolucionaria unificada, alejada de los comportamientos pequeñoburgueses, electoralistas, administrativos y sectarios de la mayoría de los dirigentes trotskistas hasta hoy.

Más en general, la dificultad de militar en esta región del mundo está asentada en la fragmentación y el atraso semicolonial. Sin embargo, desde la fragmentación también se piensa la totalidad y desde la opresión nacional también se puede pensar el socialismo. No hay nada más libre que el pensamiento -parafraseamos a Trotsky- y por ello mismo invitamos a los lectores a pensar por ellos mismos, a elevarse por encima del atraso de las condiciones materiales y culturales que enfrentamos.

Nuestra revolución sería un hermoso despertar, puede cubrir desde Alaska a la Patagonia, combinando la naturaleza fuente de vida del Amazonas con la industria californiana, puede unir todas las lenguas americanas a través de estados socialistas democráticos que no repitan la burocratización de la experiencia rusa.

Nuestra tarea puede ser inmensa, puede ser el paso adelante más radical que haya hecho la humanidad. Es por ello que militar hoy por la revolución socialista en América -y en el mundo- tiene todo el sentido de la historia. Es por ello que construir/reunificar sobre bases revolucionarias la IV Internacional es una tarea de hoy.

 

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