miércoles, 24 de Abril de 2019

Perspectivas políticas nacionales 2019

Lunes, 21 Enero 2019 01:55

La democracia burguesa y todos los prejuicios que emanan de ella se ha afianzado en Costa Rica como un molusco a su caparazón a razón de una experiencia electoral cada 4 años desde hace 65 años. No se debe olvidar que esa democracia burguesa es el fruto de la dictadura militar que por 5 años implantó el partido Liberación Nacional, después de la derrota de la clase obrera en 1948. Este régimen se había mostrado muy flexible para procesar dentro de él las principales luchas de clases en el país, hasta el año anterior, cuando el PAC reprimió a mansalva para garantizar la orientación del FMI.

 

En general todos los fenómenos de lucha de clases han sido una refracción de fenómenos de luchas de clases internacionales. Por ejemplo la lucha contra ALCOA fue refracción de Mayo del 68. A veces incluso la refracción internacional hace que en Costa Rica se desarrollen fenómenos internacionales de lucha de clases antes de que estos muestren toda su magnitud internacional, por ejemplo el Combo del ICE en 2000 y el argentinazo, siendo el ejemplo más claro la huelga 2018 y el enjambre de movilizaciones proletarias masivas posteriores en Francia, India, Bangladesh, etc.

 

Por lo anterior no se puede pensar la lucha de clases en un país aislado y atrasado, como Costa Rica, sin pensar que éste podría ser la primera chispa de oleadas internacionales de lucha de clases, su momento final o incluso su momento cúspide. La dependencia económica del país, su absoluto sometimiento al capital imperialista, no obstaculiza en nada que la clase proletaria del país se alce en defensa de sus intereses históricos, sino que más bien lo implica.

 

El más evidente ejemplo reciente del poder que concentra la clase trabajadora del país, del poder que en potencia duerme en millones de proletarios del país, fueron las gigantescas movilizaciones a que asistimos en setiembre anterior. Fue espectacular ver las calles de la capital absolutamente atestadas de trabajadores y trabajadoras que iban y venían dándose información sobre la importancia de la movilización, su magnitud, etc. Y trabajadores no sólo públicos sino también de la empresa privada participaron de la huelga, lo cual es un paso adelante muy importante. Fueron el Fondo Monetario Internacional y el gobierno de Carlos Alvarado quienes nos permitieron conocer nuestra fuerza unificada. Una lección que difícilmente será olvidada.

 

El Balance de la Huelga

 

La huelga claramente fue derrotada. Sólo algunos dirigentes sindicales de aparato podrían concluir que la huelga fue una victoria. Eso lo puede pensar sobre todo algún dirigente sindical aferrado a su silla y con ganas de no trabajar nunca más. Pero para un trabajador consciente es obvio que la implementación de la Reforma Fiscal por parte del FMI y el PAC es una derrota. La represión policial y política contra la clase trabajadora, que incluye la cárcel de Carlos Pérez Sánchez, el intento de constreñir el derecho a huelga en la Legislativa, los ataques reaccionarios a la organización sindical, la real reducción salarial que vamos a tener y los 18 000 nuevos pobres son las principales consecuencias de la derrota.

 

El motivo de esta derrota se debe a que en el periodo del 12 al 26 de setiembre la clase trabajadora no tuvo ninguna orientación específica para darle un knockout al gobierno del PAC. El gobierno se tambaleó. Incluso el 12 y el 26 el gobierno pudo haber caído. Pero nadie, ni los dirigentes sindicales ni los dirigentes políticos del proletariado, se dieron una orientación para derrotar en esa coyuntura la Reforma Fiscal del FMI.

 

La orientación estratégicas de las direcciones sindicales consistió siempre en lograr un acuerdo con el gobierno. Pero creer en ese acuerdo era totalmente ingenuo. Al gobierno había que darle una contundente derrota a través de la movilización callejera. Esto requería implementar tácticas para sostener el derecho a protestar en la calle contra los embates policiales. La lucha llegó a extremos que las direcciones sindicales no previeron o no quisieron prever y por ello no quisieron o no pudieron conducir a una victoria.

 

Si esa victoria significaba la caída del gobierno, es una consecuencia que de ningún modo es responsabilidad de la clase trabajadora sino que es consecuencia de la propia política del gobierno y su alianza con el odiado FMI, así como de la debilidad estructural de las clases medias y la burguesía propias de un país atrasado y aislado como el nuestro.

 

Es necesario concluir (y este hecho es de importancia manifiesta para un proyecto revolucionario) que de haber derrotado al FMI y al gobierno del PAC se hubiera abierto la discusión de quién debería gobernar el país y con qué medios iba a gobernar, lo que en concreto significa que el proletariado habría empezado, por lo menos, a pensar en el poder.

 

En ese sentido el objetivo de las direcciones sindicales al buscar una negociación abstracta, al buscar una quimera, terminaron por garantizar el pleno funcionamiento de un gobierno antitrabajador como ninguno. Es por ello que todas las direcciones sindicales traicionaron los intereses históricos del proletariado. Al no luchar por el poder las direcciones sindicales dieron tiempo al gobierno y a todas las instituciones burguesas para rearmarse, tomar la iniciativa y desgastar la huelga siguiendo el consejo de Miguel Angel Rodríguez, es presidente del Combo ICE, ex Secretario General de la OEA y condenado por corrupción.

 

Los Resultados

 

El gobierno de unidad nacional del PAC-PUSC y FA logró la imposición imperialista sobre los trabajadores costarricenses. Y lo hizo no con política ni con hegemonía, sino que lo hizo con la represión más fuerte en la historia reciente del país. Esto aclara que la principal fortaleza del PAC no es política, sino directamente policial-militar.

 

El gobierno a pesar de haber obtenido una victoria no es un gobierno fuerte. Y no lo es por la clase social a la que representa directamente y por la política que sostiene, de completo sometimiento al capitalismo imperialista y enfrentamiento a los intereses proletarios. Los porcentajes de aprobación son ridículos, todos por abajo del 5%. Es un gobierno altamente impopular, que por ahora se sostiene arbitrando entre las formas más reaccionarias burguesas (su triunfo electoral) y las formas más proletarias y antiimperialistas (su victoria en la huelga). No es casualidad que instancias de arbitraje entre las clases sean las más prestigiadas nacionalmente hoy, como la Policía, la Fiscalía, la Sala IV, el (a todas luces corrupto) OIJ, etc.

 

Desde el punto de vista de las relaciones entre las clases y sus expresiones políticas, el gobierno de “unidad nacional” marca el regreso de las clases medias al camino del capitalismo imperialista y enfrentamiento a las masas proletarias. Esas clases medias que en 2000 y 2007 se habían movilizado contra la burguesía y el imperialismo, luchando contra la apertura comercial y contra el TLC, hoy ejemplificadas en el PAC han regresado al redil burgués. Cierto que hay sectores medios que también han roto con el gobierno del PAC por izquierda, lo cual es positivo. Más en general así es la clase media, destinada a dividirse. Por ahora, la mayoría sin embargo está del lado del PUSC y del FMI.

 

Todo parece indicar que el resultado más significativo de la huelga es la división general del país en dos. Un polo proletario muy grande que atrae a sectores medios, a campesinos sin tierra, a una parte del movimiento de mujeres, a indígenas, a una vanguardia estudiantil, etc. Otro polo burgués pro imperialista, que por ahora se sostiene en la policía, en instituciones burguesas como la Sala IV y que es sostenida políticamente por sectores medios altos. En ese sentido, parecen haberse establecido elementos de crisis orgánica en el país al tiempo que la hegemonía burguesa e imperialista queda entredicha.

 

Sin embargo la masiva movilización en contra de la Reforma así como las previsibles dificultades de pago de deuda no pasaron inadvertidos para los organismos imperialistas, que rápidamente bajaron la calificación de la deuda del país. Esto ha obligado a la Ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, y el presidente del Banco Central, Rodrigo Cubero, a postular la necesidad de endeudar aún más al país apelando a eurobonos, cuya consecuencia sería que el Estado no se endeudaría en el mercado nacional, lo que evitaría la subida digamos ficticia de las tasas de interés de los préstamos en el mercado nacional, donde está colocada cerca del 80% de toda la deuda (incluyendo a bancos imperialistas que compiten con los bancos estatales). Lo cual estabilizaría la inflación y evitaría una crisis de pago. Esto por lo menos es lo que dice el gobierno.

 

Sin embargo esto es muy optimista. Por ejemplo habría que suponer la estabilidad del colón frente a monedas de peso internacional como el euro o el dólar, lo cual no está para nada asegurado. En este sentido la dependencia económica del país al capital transnacional impide al gobierno tener autonomía política suficiente como para asegurar sus propias orientaciones. Ante un cambio brusco en las condiciones políticas o económicas mundiales la orientación de mayor endeudamiento internacional podría convertirse en una auténtica crisis de pago de deuda, un default, cuyas consecuencias podrían ser desastrosas.

 

A esto habría que sumar que las orientaciones anti sindicales del gobierno de unidad nacional, cuya principal consecuencia es el debilitamiento de las organizaciones proletarias y el desprecio por los valores proletarios (sobre todo su conciencia). Esto necesariamente implicará un paso más profundo en el proceso de fortalecimiento de las corrientes políticas reaccionario-fundamentalistas, de que se ha cubierto el país desde la crisis del 2008. En este sentido la derrota de la clase trabajadora (si es que las actuales condiciones se mantuvieran durante algunos años) podría implicar el fortalecimiento de posiciones burguesas más claramente reaccionarias o incluso proto fascistas.

 

Por ello, mención aparte merece la posición de Patricia Mora, quien una y otra vez ha señalado que tiene un acuerdo político con el gobierno por los derechos de las mujeres pero que no tiene acuerdo con la orientación económica del gobierno. Esto es una contradicción evidente para cualquiera que tenga formación marxista, como cabría suponer de Mora, ya que tanto en el plano económico como político son precisamente las mujeres quienes más van a vivir las consecuencias de la imposición de la agenda imperialista. Sólo el uso de un esquema formal, burgués, que separa la vida social-económica de la vida política, como si los individuos concretos estuviéramos partidos en dos, hace posible semejante posición política. A todas luces Patricia Mora ha traicionado los interés de la clase trabajadora al ser ministra de un gobierno que es instrumento del capital imperialista. Y en ese sentido ella es responsable del clima reaccionario que se ha instalado. Patricia Mora se ha hecho cargo de la deuda histórica de la burguesía con las mujeres; ahora es ella quien (también) la debe.

 

Nuestras orientaciones

 

Si continuara el proceso de polarización social entonces se preparan conflictos más agudos en el futuro. En ese sentido, presumiblemente tendremos la oportunidad de no cometer los mismos errores estratégicos y tácticos en el futuro.

 

Es necesario luchar por ganar posiciones dentro de los sindicatos para que las directivas electas sean puestas en manos de dirigentes consecuentes en la defensa de los intereses de la clase trabajadora y que en esa medida no caigan en la trampa “nacionalista” de la austeridad que pregonará el gobierno. Lo mismo en el movimiento de mujeres, en el movimiento estudiantil, etc. Es necesario redoblar las luchas en los centros de trabajo para evitar la implementación de la agenda fondomonetarista.

 

Por otro lado en el plano político es necesario enfrentar la andanada reaccionaria burguesa militando la campaña de solidaridad con Carlos Perez Sánchez y organizándonos para contar con una representación política orgánica de la clase trabajadora, que explique por qué no hay que pagar la deuda externa, que sólo nos mantiene sometidos a los designios imperialistas. Es necesario exigir que se abran los libros contables de los empresarios, ya que quienes nos exigen a nosotros pagar la deuda son quienes la generaron deben exponer al país como generan sus ganancias. También es necesario luchar por el derecho a la organización sindical en la empresa privada, por ponerle impuesto a los grandes capitales, etc.

 

Finalmente, con la derrota a cuestas, no faltarán los pordioseros de la política, que le dirán a la clase: “no pudimos garantizar la victoria pero podemos garantizar un pedazo de pan”. De esa posición hay que desconfiar. Está demostrado que luchar por el salario abre la perspectiva de luchar por el poder. Pensar el pan opuesto al poder es indigno de la clase trabajadora, en cuyo seno duerme una enorme fuerza, que debe servir para liberarnos de las garras explotadoras del imperialismo y la burguesía. El primer paso para ello es construir un partido revolucionario que establezca relaciones cotidianas con las masas proletarias y en ese sentido nos disponemos a militar desde Organización Socialista.

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