miércoles, 12 de Diciembre de 2018

¿Qué Hacer para Derrotar la Reforma Fiscal?

Lunes, 26 Noviembre 2018 17:08

Después de meses las bases de la clase trabajadora pueden estar cansadas mientras que el gobierno más bien retornó a una posición estable. Pero esta coyuntura no elimina el hecho de que la popularidad del gobierno es bajísima. Estamos en presencia de un gobierno muy débil que está intentando una reforma muy amplia.

Equipo Coordinador de OS.

 

La votación de la Sala Constitucional que da luz verde a la reforma fiscal del FMI y de Carlos Alvarado, cuyo objetivo es extraer riqueza de toda la clase asalariada para volverse a endeudar con el imperialismo, se suma al hecho de que la mayoría de las huelgas que llevaron adelante los trabajadores del Estado y que es sostenida aún por los docentes públicos, han sido declaradas legales. Para sectores de la clase trabajadora esta situación debe confundir, pues por un lado muestra una vez más que la Sala Constitucional no es aliada de los intereses de los proletarios, pero por otro lado genera aún expectativas sobre el rol de instituciones judiciales del Estado que coyunturalmente parecen defender intereses de proletarios.

 

Si podemos decir que las clases sociales en su lucha a favor y en contra de la Reforma Fiscal acudieron al Estado como árbitro, podemos entonces concluir que hay un empate entre ambos pues, como decimos, por un lado las huelgas fueron declaradas legales, lo que no es un detalle menor, pero por otro también la Reforma en sí fue declarada legal, por lo que el gobierno también obtiene un triunfo. Ahora bien, el motivo de la victoria del gobierno es toda la institucionalidad burguesa del país, mientras que el motivo de la victoria de los trabajadores es la enorme movilización que puso en tela de juicio esa misma institucionalidad. Declarar esas huelgas ilegales perfectamente podría haber generado un incendio más grave que el de las jornadas de las grandes movilizaciones en San José del 12 y 26 de setiembre. De acá se concluye que la clase trabajadora para imponer sus intereses debe confiar sólo en su propia fuerza, que en Costa Rica es inmensa y que debe tener claro que su movilización puede poner en riesgo no sólo el andamiaje institucional del país sino incluso la propia política internacional, pues una derrota al FMI sería un logro de todos los trabajadores de Centroamérica y un enorme ejemplo en América Latina y los Estados Unidos, al dar una derrotar a los planes imperialistas en la región.

 

Sin embargo la actual correlación de fuerzas no es la de setiembre. Después de meses las bases de la clase trabajadora pueden estar cansadas mientras que el gobierno más bien retornó a una posición estable. Pero esta coyuntura no elimina el hecho de que la popularidad del gobierno es bajísima. Estamos en presencia de un gobierno muy débil que está intentando una reforma muy amplia. Y las movilizaciones de la clase trabajadora han sido las más grandes en la historia del país.

 

Como dice el comentarista Eduardo Molina, de la Izquierda Diario, en un reciente artículo sobre la situación política de América Latina:

 

para ir hasta el final en su plan de ataques y entrega, la gran burguesía y el imperialismo necesitan transformar sus triunfos electorales en derrotas decisivas de la clase trabajadora y el pueblo pobre, lo cual plantea la perspectiva de grandes pruebas de fuerza entre las clases. La cuestión crucial es, entonces, cómo enfrentar éstas batallas, alentar y organizar la resistencia en los lugares de trabajo, de estudio, y en las calles, para desarrollar la movilización obrera y popular hasta derrotar a la derecha y sus planes, una movilización cuyo método no puede ser otro que el de la huelga general y la movilización revolucionaria de las masas, superando los límites de aquellos levantamientos populares que entre 2001 y 2005 dieron por tierra con los gobiernos neoliberales en Bolivia (Sánchez de Losada), Argentina (De la Rúa), derrotaron el golpe contra Chávez de 2002, etc., y cuyo programa ha de ser que los capitalistas paguen la crisis y no el pueblo trabajador.”

 

En Costa Rica desde el 2000 hemos pasado por puntos altos y puntos bajos de la lucha de clases. De la lucha contra el Combo ICE en 2000 la clase trabajadora aprendió a no confiar en la Unidad Social Cristiana, hoy también en el gobierno de la mano del PAC. De la lucha contra el TLC en el 2007 aprendimos a no confiar en Liberación Nacional, hasta ese momento el partido “socialdemócrata” de Costa Rica. En esta lucha hemos aprendido a no confiar en el PAC, hasta ayer el partido “antineoliberal”. La conclusión es clara en el sentido de que los partidos burgueses son nuestros enemigos pues defienden intereses que atentan contra los de nuestra clase social.

 

Pero de estas luchas gigantescas de nuestra historia reciente, también debemos extraer conclusiones sobre el rol que juegan las clases medias dentro de las filas de la clase trabajadora. El Frente Amplio, con su posición formal de no intervenir centralizadamente en los sindicatos lo que hace es firmar un pacto de no agresión con las burocracias sindicales. Este pacto de no agresión es funcional para ambos sectores en la medida en que comparten una orientación estratégica de índole nacionalista, según la cual hay que esperar que aparezca algún burgués con una postura nacionalista, que se apoye en la clase trabajadora contra el imperialismo, para negociar con él un modelo país, tal como sucedió en el 48 en el Pacto entre José Figueres y Manuel Mora. Esta es la orientación clásica de los sectores medios de la sociedad.

 

Para algunos sectores proletarios, en especial para los que venden su trabajo al Estado y más aún para aquellos con perfiles profesionales medios y con rasgos conservadores más marcados, esta perspectiva parece enteramente deseable. Pero esa perspectiva de pacto es un golpe durísimo a los sectores más empobrecidos de la clase trabajadora. Basta ver los resultados del pacto del 48, que han condenado a la miseria sistemática a 1 de cada 4 costarricenses. Este empobrecimiento crónico es la causa esencial del surgimiento de la derecha religiosa, cuya base social naturalmente odia al Frente Amplio y a las direcciones sindicales burocráticas. Dicho sea de paso, una derrota hoy de la clase trabajadora podría implicar un fortalecimiento de esa derecha religiosa. Acá como en otros asuntos, sólo la clase trabajadora organizada y obteniendo victorias es el camino para salir de los nubarrones mentales religiosos. De hecho, la derecha religiosa de Bolsonaro en Brasil busca sobre todo dar un ataque a la clase trabajadora brasileña y para ello requiere dar importantes derrotas a la clase trabajadora. Acá en Costa Rica debemos evitar a toda costa llegar a ese extremo.

 

En este sentido, tanto las direcciones burocráticas sindicalistas como el Frente Amplio, están luchando con una estrategia de falsa bandera, esto es, le dicen a toda la clase trabajadora que están contra la Reforma, lo cual hace que la clase trabajadora entera les siga. Pero el objetivo estratégico de las burocracias y del Frente Amplio no es en realidad detener o derrotar la Reforma, sino que su objetivo estratégico real es “negociar” con el gobierno. Lo ponemos entre comillas debido a que el objetivo es, de manera abstracta, negociar, sin importar en realidad el contenido de la negociación. Si las direcciones sindicales y el Frente Amplio asumieran públicamente que su objetivo siempre ha sido negociar, entonces los sectores más radicalizados de la clase trabajadora romperían con ellos, lo que en este caso es la gran mayoría de las bases sindicales. Y es por ello que las direcciones sindicales y el Frente Amplio prefieren generar confusión. Nosotros no estamos por no negociar con el gobierno. Estamos por negociar la retirada de la Reforma Fiscal, esto es, derrotar la Reforma con una Huelga General real y después dar la estocada obligando al gobierno a firmar el acuerdo que mejor nos sirva estratégicamente.

 

Desde Organización Socialista llamamos a la clase trabajadora a movilizarse en adelante por las siguientes consignas:

 

1. Por la derrota definitiva de la Reforma Fiscal del FMI y del Gobierno del PAC. El “memorandum” de Miguel Angel Rodríguez se ha aplicado y hay algún desgaste en las bases sindicales. Este desgaste es producto de la indecisión para llevar adelante tareas prácticas por parte de las direcciones sindicales y de sus pésimas orientaciones estratégicas. En Francia, en días recientes, se llevaron adelante grandes movilizaciones con bloqueos, enfrentamientos y demás, entre la clase trabajadora y el gobierno. Debemos seguir el ejemplo de los trabajadores franceses y llevar al gobierno de Carlos Alvarado contra las cuerdas. Es preciso retomar las medidas de huelga en todos los centros de trabajo y paralelamente tomar todas las medidas prácticas para protestar en la calle y resistir las embestidas policiales. Si las direcciones sindicales son incapaces de garantizar estas tareas, entonces ya mismo deben ser desplazadas por nuevos dirigentes cuya voluntad de luchar sea indiscutible.

 

2. Exigimos a las direcciones sindicales que se realice una Asamblea Unificada de trabajadores y trabajadoras para decidir sobre todas las medidas de lucha. En Argentina las direcciones sindicales han impedido que la clase trabajadora salga a luchar contra el ajuste de Macri. Si por su orientación de falsa bandera las direcciones sindicales permiten que se aproxime la aprobación de la Reforma Fiscal, la base sindical debe impedir a toda costa que nuestras direcciones se comporten igual a las de Argentina.

 

3. Nos movilizamos por el no pago de la deuda externa, que equivale casi al 50% del presupuesto y que impide destinar más dinero a la educación y al desarrollo del país.

 

4. Proponemos pasar de un 30% a 36 % para los grandes contribuyentes: empresas que tributan ¢250 millones de colones o más, o con renta bruta de ¢40 mil millones o más; o con activos de ¢40 mil millones de colones o más, que corresponde aproximadamente a las 400 empresas más grandes del país.

 

5. Por impuesto para las Zonas Francas. Esta consigna es necesaria puesto que de otra manera nuestro país queda totalmente expuesto a los deseos del gran capital, los trabajadores de empresa privada no tienen derecho a la libre organización, y por tanto siempre se crea el miedo perpetuo del despido masivo si el capital obtiene más ganancias en otro lado. En caso de que alguna empresa se vaya, ésta debe ser nacionalizada y puesta bajo control de los trabajadores.

 

6. Para evitar la evasión de impuestos, exigimos la apertura de los libros de contabilidad, seremos nosotros quienes decidamos sobre los márgenes de ganancia capitalistas, ni un colón del bolsillo de los trabajadores, que paguen las empresas con sus beneficios. ¡Abajo el secreto comercial! Quienes piden sacrificios, como las cámaras empresariales, deben comenzar por presentar sus propios libros de contabilidad. ¡Así se revelará su deshonestidad!

 

7. A igualdad de tareas, salarios iguales. Abolición de la superexplotación impuesta a las mujeres, los jóvenes, los extranjeros. Para las mujeres que trabajan, iguales salarios e iguales derechos que para los hombres que trabajan.

 

8. Por la organización sindical en la empresa privada para que este sector también se sume a la huelga y a la discusión sobre la Reforma Fiscal. Que puedan decidir sobre los acuerdos y los planes de lucha.

 

9. Las grandes instituciones del Estado, que explotan a varios miles de trabajadores y trabajadoras, funcionan para beneficio del capitalismo. Los escándalos que hemos visto en los últimos años revelan la corrupción que reina entre los jerarcas y jefaturas. Los empleados públicos subordinados son explotados por corruptos y jefaturas que utilizan sus puestos para permitir que la clase propietaria aplaste aun más a los trabajadores. Debemos efectuar una limpieza a fondo. Con la colaboración de todos los explotados, llamamos a los sindicatos de empleados públicos que efectúen los cambios necesarios para establecer verdaderos servicios sociales, que funcionen por y para las masas. Llamamos a que incluso pongan en operación las instituciones del Estado por fuera de los mandatos de los jefes, que sean los trabajadores en Asambleas quienes decidan el rumbo de la Caja del Seguro Social, del los centros educativos, etc.

 

10. Le proponemos a los sindicatos la creación de una página web donde las y los trabajadores puedan hacer denuncias anónimas sobre la corrupción en sus respectivas instituciones.

 

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