Martes, 21 de Noviembre de 2017

No exageramos: Sobre la política militarista de Luis Guillermo Solís.

Lunes, 05 Septiembre 2016 01:57

El 28 de agosto, el presidente de la República ha publicado un artículo de opinión donde se congratula pues “es la primera vez en muchas décadas que el Gobierno de la República de Costa Rica recibe una donación de esta naturaleza para combatir el crimen organizados.”

 

El 28 de agosto, el presidente de la República ha publicado un artículo de opinióni donde se congratula pues “es la primera vez en muchas décadas que el Gobierno de la República de Costa Rica recibe una donación de esta naturaleza para combatir el crimen organizados.”

 

 

 

La donación es hecha por el gobierno de los Estados Unidos de América y el buen presidente del cambio la ha aceptado. Según Luis Guillermo Solís “la cooperación incluye la donación de dos aviones de carga, embarcaciones para vigilancia marítima, vehículos para la Fuerza Pública y tiendas de campaña para la atención de más de 2.400 personas en caso de emergencia y ayuda humanitaria.” Se trata de una “ayuda” que pretende detener el narcotráfico, la trata de personas y la migración.

 

 

 

El presidente procura engañarnos o se engaña a sí mismo… y francamente nos parece más lo segundo. La ayuda militar del gobierno norteamericano no es, como todo mundo lo sabe, un hecho fortuito o basado en la buena voluntad del gobierno federal.

 

 

 

En primer lugar, ni el narcotráfico, ni la trata de personas ni la migración ilegal son susceptibles de resolverse con mayor presencia armada. Al narcotráfico se le combate con legalización y monopolio estatal del mercado de drogas. La trata de personas se detiene con empleo para las mujeres precarizadas. Respecto de la migración la política -en Costa Rica- se debe limitar a dar paso libre a los migrantes y darles el apoyo médico necesario.

 

 

 

Ninguna de estas tres soluciones es política del gobierno de Obama. La política sobre el narcotráfico es profundizar la desastrosa guerra contra las drogas, que deja ya cientos de miles de muertos en la región y que deja fuerzas armadas corruptas de donde surgen los cárteles de las drogas. El ejemplo de México es demasiado dramático.

 

 

 

La trata de personas y la migración implican para el gobierno de Obama la construcción de “nuevos” campos de concentración donde los migrantes quedan encerrados y deportados a su país de origen. Para quien no sepa, hay importantes escándalos sobre los niños migrantes que el gobierno federal mantiene encerrados en prisiones, expuestos a la depravación de las cárceles y que después se convierten en materia ideal precisamente para las redes narco. Obama establece políticas similares al del gobierno alemán, para poner un ejemplo, que consiste en desplazar el campo de concentración a otros países, como Turquía y así ahorrarse los costos políticos de sostener nuevos campos de concentración en su territorio.

 

 

 

En éste, como en otros temas, la política del gobiernode Solís es un auténtico desastre cuyas implicaciones pueden dejar hondas heridas en la atrasada sociedad centroamericana. Sin duda alguna, la más grave, es la “inocente” (en realidad estúpida) lectura de los movimientos geopolíticos mundiales, pues la “ayuda” militar del gobierno de Obama se enmarca dentro de la polarización armamentística mundial y constituye una respuesta de orden militar a la venta de armas que el gobierno de Vladimir Putin hizo al gobierno de Ortega. No dar cuenta de éste hecho deja mucho que desear del señor presidente politólogo.

 

 

 

En una sociedad donde el desempleo, la crisis fiscal, la precarización laboral se juntan con otros fenómenos como el narcotráfico, la trata para terminar creando una sociedad cada vez más barbárica, al punto que ya resultan diarios los suicidios y los crímenes de ajuste de cuentas, resulta una verdadera aberración incrementar la militarización en el país. Particularmente en un momento en donde fuerzas políticas reaccionarias están en clara avanzada mundial, con el ISIS y Trump a la cabeza, y la MUD en Venezuela y Tamer en Brasil como manifestaciones en América Latina, por lo que la política militarista puede resultar extraordinariamente explosiva.

 

 

 

Pero tal vez lo más grave es el absoluto silencio de las direcciones sindicales y los partidos políticos legislativos, que no han chistado respecto de la desastrosa política militarista del gobierno.

 

 

 

Resulta de acá evidente la tarea de crear una fuerza política auténticamente anti-imperialista en Costa Rica. Organización Socialista pone sus esfuerzos en ese sentido y llamamos a todo el activismo de izquierda y la militancia trotskista a dar pasos decisivos en esa dirección.

 

iUna cooperación histórica para robustecer relaciones entre Costa Rica y Estados Unidos, acá: http://www.elpais.cr/2016/08/28/una-cooperacion-historica-para-robustecer-relaciones-entre-costa-rica-y-estados-unidos/

 

 

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