Sábado, 18 de Noviembre de 2017

Reinterpretación del Conflicto Político Militar de 1948

Lunes, 08 Agosto 2016 01:51

Por: José René Tamariz Corea

Para entender y comprender mejor la situación actual de Costa Rica, junto a sus particularidades sociales, económicas y políticas, es necesario analizar y reinterpretar dos acontecimientos históricos que han determinado, condicionado y estructurado la evolución del país hasta nuestros días. Esos dos hechos históricos son el conflicto político-militar del año 1948 y los del período de finales de los años 70 y mediados de los años 80, producidos por el proceso revolucionario centroamericano y el triunfo de la revolución nicaragüense en julio del año 1979.

La contrarrevolución en diciembre del 48 La contrarrevolución en diciembre del 48

REINTERPRETACIÓN DEL CONFLICTO POLÍTICO-MILITAR DE 1948

“La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la luchas de clases”. Carlos Marx y Federico Engels.

Por: José René Tamariz Corea

Introducción

Para entender y comprender mejor la situación actual de Costa Rica, junto a sus particularidades sociales, económicas y políticas, es necesario analizar y reinterpretar dos acontecimientos históricos que han determinado, condicionado y estructurado la evolución del país hasta nuestros días. Esos dos hechos históricos son el conflicto político-militar del año 1948 y los del período de finales de los años 70 y mediados de los años 80, producidos por el proceso revolucionario centroamericano y el triunfo de la revolución nicaragüense en julio del año 1979.

Los marxistas costarricenses, incluidos los trotskistas, en sus diversas variantes, han sido incapaces de hacer una interpretación propia de los fenómenos políticos, sociales y económicos que hicieron posible la constitución de la llamada “Segunda República”, originada por los sucesos de la lucha de clases más importantes de la historia nacional y que, hasta el presente, todavía, en gran parte, condicionan la situación de las clases sociales, la lucha de clases y la vida en general de Costa Rica.

Alrededor de los sucesos del año 1948 existen diversos mitos, muchos análisis académicos equivocados o bien limitados, falsas interpretaciones de uno y otro bando que se enfrentaron en el conflicto social, caracterizaciones diversas y otras especulaciones seudo-marxistas. Es más, algunos grupos de izquierda aceptan o le claudican a los análisis académicos u oficiales. El presente trabajo no pretende ser un análisis exhaustivo de todo el proceso político, social y económico del año 48 y todos sus antecedentes, sino fundamentalmente realizar una caracterización del fenómeno histórico, así como sus incidencias, repercusiones y consecuencias hasta la fecha sobre las clases sociales, la lucha de clases y los sujetos sociales y políticos de la revolución en Costa Rica.

Algunos Antecedentes del Conflicto Político-Militar del año 1948

Costa Rica vivió durante la década de los años 30 y 40 un espectacular ascenso de las luchas del movimiento obrero, campesino y popular, que se manifestó en grandes movilizaciones, un fuerte y poderoso proceso de organización sindical y política de los trabajadores, así como la realización de huelgas muy duras y fuertes como la de los bananeros en el año 1934. Según Jorge Emilio Regidor Umaña: “… es necesario… esbozar un intento de definir un periodo que responda a una perspectiva en la que el Sindicalismo sea el actor central, lo cual implica un esfuerzo por rescribir la historia desde un plano que recupera el actuar sindical y social durante el período en cuestión. En este sentido, creemos necesario que el período que va de 1934 a 1948 sea considerado como uno solo, toda vez que durante esos años da inicio un largo proceso de conflictividad social y sindical que culmina con una legislación laboral y de seguridad social y un cambio profundo de la estructura social costarricense…”. (Regidor, 2003: 25 y 26). Las negrillas son nuestras. Nosotros coincidimos con Regidor en que desde la poderosa huelga bananera del año 1934 hasta el año 1948 fecha que estalla la guerra civil, debe ser considerado como un solo período, con flujos y reflujos del movimiento obrero, caracterizado por una intensa y prolongada lucha entre las clases sociales, en Costa Rica, que se manifestaron y expresaron bajo diversas formas, ya sean huelgas, movilizaciones, organización sindical revolucionaria y otras

De acuerdo con Marielos Aguilar “… el año de 1934 fue bastante representativo pues se llevaron a cabo por lo menos ocho huelgas. De éstas la mayoría ocurrió en las principales ciudades de la zona central del país, con la participación de trabajadores de obras públicas, zapateros, panaderos, sastres y litógrafos. Por su parte, los trabajadores del café de Turrialba y los obreros bananeros del Atlántico se destacaron por llevar a cabo grandes movimientos huelguísticos, como, por ejemplo, la conocida huelga bananera de 1934. Esa huelga bananera se desarrolló en el transcurso de los meses de agosto y setiembre para plantear un conjunto de peticiones básicas: eliminación del trabajo a destajo, jornada de seis horas para las labores más rudas, fijación de salario mínimo, pagos quincenales y en efectivo, pago de las horas extras, eliminación de la semana de fondo, viviendas dignas para los trabajadores ofrecidas por los finqueros, extensión de la Ley de Accidentes de Trabajo, dispensarios médicos para las fincas con más de diez obreros, regulación de los precios de las mercancías vendidas en los comisariatos de la UFCO, rechazo del contrato bananero Cortés-Chittenden y, por último, reconocimiento del Sindicato de Trabajadores del Atlántico por parte de la UFCO y del Estado”. (Aguilar, 2009: 15).

De otro lado, es muy importante señalar que el movimiento político-militar encabezado por Figueres tuvo algunas características sui-géneris, en el sentido de que era un movimiento que tenía como objetivo último contener y derrotar el ascenso del movimiento obrero y popular encabezado por el partido comunista, pero que no pretendía destruir las conquistas sociales alcanzadas durante el período 40-48. Este ascenso del movimiento obrero y popular se concretó a nivel institucional en la incorporación de las llamadas Garantías Sociales a la Constitución Política, la aprobación del Código del Trabajo (27 de agosto de 1943) y la creación, entre otras, de instituciones como la Caja Costarricense de Seguro Social. Según Aguilar Hernández: “La reforma social impulsada desde el Estado por el presidente Calderón Guardia, y apoyada en el ámbito de la sociedad civil por las organizaciones de los trabajadores y la Iglesia Católica, contribuyó a polarizar las fuerzas sociales y políticas costarricenses como nunca antes había ocurrido en la historia nacional. En este caso, lo novedoso resultaba ser la amplia participación política de las clases trabajadoras, quienes por primera vez, habían cobrado un espacio importante que las convertía en sujetos de su propia historia”. (Aguilar, 2009: 23).

Más adelante, Aguilar sostiene que: “El Centro de la pugna social agudizada desde 1942, indiscutiblemente era las Garantías Sociales y el Código de Trabajo. Los principales adversarios eran los cafetaleros, las compañías translaciones como Transportes Aéreos Centro Americanos (TACA), la Electric Bond and Share y la United Fruit Co; y en general, el sector patronal…”. (Ídem).

Es muy importante señalar que “Al mismo tiempo que se hacía efectiva la promulgación de la legislación social, se constituyeron las dos centrales sindicales que nuclearon a los trabajadores de Costa Rica (CTCR) y la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum (CCTRN). Entre 1943 y 1948 lograron reunir a unos cien mil asalariados que constituyeron la base social de apoyo para la defensa de la reforma social”. (Ídem: 27). Las negrillas son nuestras. La población económicamente activa (PEA) en el año 1948 era de 261 096 personas, quiere decir que, si el dato de Aguilar es correcto, entonces los trabajadores sindicalizados constituían aproximadamente el 38,3% de esa población, lo cual representaba una cifra bien alta de sindicalización, que nunca se ha logrado alcanzar desde esas fechas. Es necesario mencionar que la primera central era dirigida por el Partido Vanguardia Popular (comunista) y la segunda central era dirigida por la cúpula de la Iglesia Católica, para contrarrestar la influencia sindical comunista. En el año 1943 Monseñor Víctor Manuel Sanabria declaró que: “La autoridad eclesiástica está y estará empeñada en que se formen agrupaciones obreras y católicas y en ampliar las ya existentes, no precisamente para debilitar el movimiento de cohesión de las clases trabajadoras, sino para encauzar ese movimiento, en la forma que mejor convenga, dentro de los amplios derrotero marcados por las enseñanzas pontificias”. (Regidor, 2003:27).

Por otro lado, es importante señalar que entre el año 1942 y 1943, se constituyó y desarrolló un pacto político entre las fuerzas gubernamentales, encabezadas por el presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Guardia y, el Partido Comunista, acaudillado por Manuel Mora Valverde. Ese pacto se forjó alrededor de la aprobación y defensa de las reformas sociales antes mencionadas y por las condiciones y política internacional de la Unión Soviética, de impulsar los frentes populares con aquellas fuerzas pro-estadounidenses, ya que ella mantenía una alianza con los Estados Unidos frente el nazi-fascismo.

En resumen, es muy importante destacar, que el sindicalismo formado y desarrollado durante toda esta etapa era muy beligerante y altamente politizado, es decir era un tipo de sindicalismo revolucionario ya que muchos de sus dirigentes y sectores de base eran militantes del partido comunista, especialmente los trabajadores bananeros, que eran la vanguardia del proceso de la lucha de clases en ese período turbulento de Costa Rica.

Por otro lado, los historiadores, Iván Molina y Steven Palmer sostienen que: “Los años de 1945 a 1948 se caracterizaron por una aguda confrontación política e ideológica. A pesar de una dramática recuperación económica, las clases medias urbanas atendieron el llamado de los miembros conservadores de la burguesía cafetalera y participaron en protesta contra el régimen. La confianza en el sistema político empezó a evaporarse y la detonación de bombas terroristas en las principales ciudades se convirtió en un evento normal. La creciente rivalidad internacional entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, después de 1945, proveyó el histórico contexto de guerra fría en el cual los opositores presentaron la colaboración del Partido Comunista con el calderonismo como una conspiración para establecer en Costa Rica el totalitarismo rojo”.(Molina y Palmer, 2008: 9 y 10).

En el marco de esas condiciones políticas, económicas y sociales y, teniendo como pretexto, justificación y detonante el supuesto fraude en las elecciones del año 1948, por parte de la oposición, encabezada por Otilio Ulate y, la subsiguiente anulación de esas elecciones, por los diputados caldero-comunista en Congreso nacional, estalló el conflicto armado entre el gobierno de Teodoro Picado, apoyado por los comunistas, por un lado, y las fuerzas figueristas por el otro, integradas por “…elementos provenientes de diversos estratos de la población, tanto del campo como de las ciudades: intelectuales, pequeños propietarios agrícolas, estudiantes, empleados, etc”. (Guerra, 1997: 127). En este campo militar se ubicó e integró la Confederación Costarricense de Trabajadores Rerum Novarum, así como la oligarquía y otras fuerzas reaccionarias.

Guerra Civil, Régimen Político, Gobierno y Derrota Histórica de la Clase Obrera.

La guerra civil del año 1948 que, tardó solamente cinco semanas, ha sido el único conflicto militar interno de carácter político que tuvo Costa Rica en el siglo XX y en el cual murieron más de cuatro mil personas, fue ganada por el bando del denominado Ejército de Liberación Nacional, dirigido por José Figueres Ferrer. El gobierno surgido del triunfo militar del figuerismo se denominó Junta Fundadora de la Segunda República. Esa junta de gobierno dirigida por José Figueres gobernó Costa Rica, por la vía de hecho, desde el mes de mayo de 1948 hasta noviembre de 1949, es decir durante 18 meses. El régimen que se instauró durante ese período fue de tipo bonapartista, ya gobernó solamente por la vía de decretos y de forma autoritaria. Obviamente el Bonaparte del régimen era José Figueres. Según Alberto Martén Chavarría, Ministro de Economía y Hacienda de la Junta Fundadora de la Segunda República: “La situación era muy difícil. Por un lado nos sentíamos omnipotentes, gobernando sin Constitución, a base de Decretos. Por otro lado, estábamos en la ruina económica, sin posibilidad de hacer obra pública. De ese caldo diabólico nacieron las ideas del impuesto del 10 por ciento al capital y la nacionalización de los depósitos del público”. (Brenes, 1990: 31). Las negrillas son nuestras.

El escritor más crítico del proceso político-militar del año 1948 es Jacobo Schifter que, intenta realizar una caracterización del régimen político de ese período. Schifter sostiene que la guerra civil del 48 fue un “… intento abortado por establecer en Costa Rica un régimen corporativista-autoritario-transformista…”. (Schifter, 1986: 137). Aunque esta categoría no es marxista, sin embargo, se aproxima a nuestro análisis, respecto a que el régimen de la Junta Fundadora de la Segunda República fue “bonapartista”, haciendo alusión a la forma de gobernar por la vía de decretos, además de la represión sistemática que ejerció esta Junta sobre el movimiento obrero y otros sectores opositores. El término “transformista” hace referencia a nuestra caracterización de que esta Junta realizó una serie de medidas “reformistas”, de cara a contener el descontento del movimiento de masas, pero a su vez de impulsar el desarrollo moderno del capitalismo costarricense.

El resultado final del conflicto político-militar del año 48, se constituyó en una grave derrota histórica de los trabajadores, sectores populares y el partido comunista (PVP), que ha marcado la historia nacional hasta nuestros días. El principal responsable de esta derrota política-militar del movimiento de masas es la dirección del Partido Vanguardia Popular de aquella época, encabezada por Manuel Mora, Carlos Luis Fallas y otros. La dirección del PVP, que prácticamente encabezaba la resistencia armada, se terminó rindiendo a las fuerza del Ejército de Liberación nacional, acaudillado por Figueres. Según José Figueres: “Mora era el dueño del gobierno desde hace varias semanas y de no haber sido por los comunistas el gobierno no hubiera hecho nada. El gran héroe de esos combates era Carlos Luis Fallas. Fallas peleó valientemente y tomó San Isidro de Alajuela, entre otras poblaciones…”. (Guerra, 1977: 147 y 148). Es importante destacar que Carlos Luis Fallas, mejor conocido como Calufa, dirigió las milicias obreras de las bananeras, mejor conocida como Columna Liniera, que resistieron valientemente la ofensiva de las fuerzas figueristas.

De acuerdo con una entrevista brindada por Figueres: “Durante los nueve días que estuvimos en Cartago se aceleraron los preparativos para la toma de San José, pero ello seguramente nos iba a costar de dos mil a tres mil vidas… Yo creo que lo hubiéramos tomado, pero sobre un baño de sangre. Ese baño de sangre lo evitamos Manuel Mora y yo. Yo lo cité al Alto de Ochomogo, y Mora valientemente asistió. Y llegamos a un acuerdo, bajo un fuerte olor a cadáver. Eso fue muy dramático, la sesión de rendición, en el Alto de Ochomogo… Mora había mandado a proponer que nos reuniéramos y yo lo cité en ese lugar… para eso el tenía que pasar entre miles de sus soldados, y yo tenía que pasar entre centenares de gente nuestra, porque ellos siempre numéricamente eran superiores… Mora yo no sé que peripecias tuvo con los suyos para llegar solo con Fallas al lugar convenido… Mora propuso primero un gobierno de coalición, lo que a mi me pareció una gran falta de realidad… Como no me pudo convencer de que hiciéramos un gobierno de coalición para evitar la toma de San José, él estaba desesperado y decía que tenía que llevarles algo a su gente para desarmarlos… Entonces me propuso que marcháramos, los dos ejércitos juntos, a la frontera de Panamá, a detener a los gringos, cosa que yo creo que no era necesario. Lo cierto es que, en ese momento yo le dije que le iba a hacer otra propuesta: -Ustedes nos ha estado atacando a nosotros de reaccionarios –les dije- y de que queremos echar abajo la legislación social (que era la bandera de ellos) ¿qué me dice si nosotros les garantizamos que lo que hemos dicho en las proclamas nuestras no es propaganda sino de verdad, que vamos a respetar todo eso? Entonces ya se interesó y empezamos entrarle a los detalles.

– ¿Mantienen la Caja Costarricense de Seguro Social?-¡Por supuesto¡
– ¡Por supuesto¡
– ¿Mantienen el Código de Trabajo¡
– ¡Por supuesto¡ (…)

Pero en eso sonó una voz misteriosa, detrás de Mora. Era Carlos Luis Fallas, que dijo:

-¿Mantienen el Impuesto sobre la Renta? (…)
- ¡Lo aumentamos, carajo¡
Esa fue toda la intervención de Carlos Luis. (…)
(Guerra, 1997: 149,150 y 151). Las negrillas son nuestras.

De acuerdo con toda la información disponible, el partido comunista tuvo la capacidad de tomar el poder en el conflicto del año 48, pero la orientación de la Tercera Internacional Comunista, encabezada por Stalin, en esa época, era contraria a que sus satélites nacionales asumieran el poder en los países, sino que había que hacer gobiernos de frente populares, es decir gobiernos conjuntos con la burguesía. En su programa mínimo el partido comunista planteaba que la implantación del comunismo en Costa Rica “… no se pondría a la orden del día en el país, sin haberse realizado la revolución en las metrópolis”. (Guerra, 1997: 66).

El Partido Vanguardia Popular (PVP) o partido comunista terminó realizando una grande y grave capitulación en el conflicto político-militar del año 1948, ya que lejos de enfrentar con decisión a las fuerzas figueristas, terminó negociando la rendición y la entrega de las armas al Ejército de Liberación Nacional dirigido por Figueres. Según Cerdas Cruz: “Mientras que los comunistas, que llevaron el peso principal de la lucha (el Dr. Calderón-Guardia no llamó a sus partidarios a combatir sino hasta el 12 de abril), sostenían que tenían los hombres suficientes y parcialmente el armamento necesario para sitiar Cartago y derrotar a Figueres, el gobierno de Picado se dio por derrotado y optó por buscar una fórmula de rendición”. (Cerdas, 2001: 205). La negrillas son nuestras. Efectivamente, de acuerdo con diversas fuentes el partido comunista contaba para el año 1948 con una fuerza de 3 mil hombres armados para defender San José de cualquier intento del bando de Figueres por tomárselo o bien de asaltar Cartago, en manos del pequeño ejército de 600 hombres de Figueres. Arnoldo Ferreto, cuenta la situación de aquel momento planteando que “Sólo Vanguardia Popular tenía en disposición de combate, dos mil hombres armados en Tres Ríos, a las órdenes de Carlos Luis Fallas y yo personalmente había desplegado mil hombres, estratégicamente distribuidos, para defender San José en el caso de que las fuerzas de Figueres flanquearan Tres Ríos y atacaran la capital. Precisamente en el momento en que Picado firmó en la Embajada de México la capitulación de que habla su carta, estaba reunido, en el sótano del aeropuerto de la Sabana, el Estado Mayor, incluyendo al coronel Mario Fernández Piza, como jefe. Además del Estado Mayor al cual yo pertenecía, en representación de Vanguardia Popular, estaba presente el c. Fallas y todos los jefes militares del partido y del gobierno, con la excepción del Ministro René Picado, hermano del Presidente. En nuestra reunión se estaba discutiendo el plan para atacar las fuerzas de Figueres en Cartago, que ascendían apenas, como después se comprobó a 600 hombres, no mejor organizados ni disciplinados que los nuestros…”. (Ferreto, 1989: 17). Por otra parte, la potencia y fuerza de los comunistas se manifestaba en el tiraje de su periódico llamado “Trabajo”, el cual en el período del año 31-34 tuvo un tiraje de 4 000 ejemplares, llegando a 7 500 ejemplares para el año 1946. La rendición político-militar en el conflicto del año 48 le terminó costando al partido comunista su ilegalización, así como la represión sistemática y constante contra los trabajadores organizados en sindicatos independientes y en la central CTCR, dirigida por ellos.

Por otro lado, es muy importante determinar el carácter del nuevo gobierno surgido del triunfo militar del bando figuerista a partir de las políticas y medidas tomadas durante su mandato. Nuestra caracterización es que el gobierno a nivel de las medidas políticas adoptadas fue profundamente anti-obrero, anti-sindical y anti-comunista, es decir políticamente era un gobierno reaccionario. Por ejemplo: “Entre mayo de 1948 y noviembre de 1949, período en que gobernó la Junta, la legislación social fue letra muerta. La libertad de organización sindical fue gravemente irrespetada hasta el extremo de producirse una desorganización masiva, especialmente de aquellos sectores anteriormente afiliados en la CTCR. Sólo a manera de ejemplo, diremos que en octubre de 1948 el diario La Nación informaba sobre la disolución, durante los meses anteriores, de 163 sindicatos en todo el país, la mayoría de ellos de la ciudad capital. (Aguilar, 1989:74). Esa desorganización era producto de numerosos despidos de seguidores del régimen caído pero, fundamentalmente, del autoritarismo de los órganos policiales, lo cuales a menudo, irrumpían en reuniones sindicales para tomar presos a los presentes y decomisar cualquier tipo de propaganda. Las privaciones de libertad de los dirigentes sindicales que habían militado en la filas de la CTCR, fueron noticias casi diaria durante el gobierno de facto…”. (Aguilar, 2009: 31). Asimismo, la Junta de gobierno de Figueres “…llegó al extremo de tener que suspender las garantías constitucionales por las continuas manifestaciones callejeras, instigadas en parte, por los ulatistas que veían postergadas su aspiración de llegar al poder y también por la derecha, por los miembros del propio grupo con tendencias oligárquicas…”. (Brenes, 1990: 31). Las negrillas son nuestras. Además, la Junta Fundadora de la Segunda República, entre otras medidas reaccionarias, ilegalizó al Partido Vanguardia Popular (partido comunista).

En síntesis, el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República y los subsiguientes gobiernos, desataron una dura y brutal represión contra el movimiento obrero, el sindicalismo independiente y los activistas del Partido Vanguardia Popular. Víctimas de esa ola represiva fueron los maestros que habían apoyado a los regímenes anteriores, así como los empleados públicos en general, que fueron despedidos sin responsabilidad patronal, por el hecho de haber apoyado a los gobiernos anteriores. En el período que gobernó la Junta Fundadora “… se calcula que el número de refugiados políticos ascendió a 7.000 –casi el uno por ciento de la población. El número de presos políticos se calcula que fue de unos 3.000. Los asesinatos políticos son difíciles de confirmar, pero se informó de algunos en los periódicos: Seis miembros de Vanguardia Popular fueron ejecutados después de ser entregados en la cárcel de Limón bajo custodia de varios soldados para ser trasladados a San José”. El caso más brutal fue el juicio de dieciocho acusados por la ejecución de ocho prisioneros políticos en Puerto Cortés, en la región bananera del sur de Puntarenas. Varios de los cuerpos habían sido mutilados”. (Schifter, 1986: 114). En especial fue la represión hacia los trabajadores bananeros, por estar conducidos por el partido comunista. Por otra parte, el gobierno de facto de la Junta Fundadora y los demás gobiernos que le sucedieron, se encargaron especialmente de cortar toda la tradición organizativa, política y de lucha de los trabajadores costarricenses, logradas en la década de los años 30 y 40.

Las décadas de los años 50 y 60 representaron un severo y largo retroceso del movimiento obrero y sindical. Así que: “En la década de los cincuenta… el Estado asumió una actitud antisindical. Para ello el Ministerio de Trabajo recurrió al expediente de disolución administrativa de ciertos sindicatos, especialmente de aquellos que se proclamaron independientes de la CCTRN. Esa práctica fue inaugurada, precisamente, por el sacerdote Benjamín Núñez cuando, siendo Ministro del Trabajo de la Junta de Gobierno, inició el proceso de disolución de la CTCR”. (Aguilar, 2009: 36). Más adelante se señala que “A partir de 1962, el Estado costarricense se abocó a profundizar el proceso de reforma social. No obstante, en lo que se refiere a la legislación laboral, la década de los sesentas no tuvo un significado particular e, incluso, podría considerársele como una etapa de estancamiento. Eso coincidió con la profunda desorganización sindical que se produjo en esos años debido a diversas causas: la persecución en los centros de trabajo por la falta de fuero sindical, la generalización del ambiente de la guerra fría, las pugnas ideológicas entre las centrales sindicales, las transformaciones cualitativas en la composición de las clases trabajadoras y, particularmente, la actitud despectiva del Estado frente a las reivindicaciones sindicales”. (Ídem). Según Molina: “… En la décadas de 1950, 1960 y 1970, una serie de huelgas masivas revelaron que los sindicatos bananeros, estrechamente vinculados con el Partido Comunista, eran los más combativos del país. Las empresas y el Estado los premiaron por ese logro con un acoso sistemático y la represión de los líderes sindicales de las zonas bananeras”. (Molina y Palmer, 2008: 30).

Según James Backer, desde el año 48 hasta el año 65, en Costa Rica, se vivió una “etapa de decadencia, fragmentación y debilidad” del movimiento sindical. Nosotros consideramos que desde el año 48 hasta el año 65 representa un período, no sólo de decadencia, fragmentación y debilidad del movimiento sindical, sino que son 17 años que se sufren las consecuencias de la derrota histórica que sufre el conjunto del movimiento obrero y de masas costarricense por la responsabilidad de la dirección del partido comunista.

Por otro lado, debido a la profunda ruina económica en que se encontraba el país, como señala Martén, cuando tomaron el poder, se vieron obligados a realizar una serie de medidas de carácter progresivas en el terreno económico-social, que no estaban dentro de sus planes, así como mantener y respetar la legislación social del calderonismo, apoyadas y promovidas por el partido comunista, para evitar conflictos y levantamientos populares. Entonces, desde el punto de vista económico-social, el gobierno de la Junta Fundadora de la Segunda República, fue un gobierno reformista, ya que “… realizó diversas reformas… Su disposición más famosa fue la abolición del ejército… Figueres también nacionalizó los bancos y el sector de energía, negoció un impuesto más elevado a las exportaciones de la United Fruit Company y dejo intactas las reformas sociales. En este marco, una Asamblea Nacional Constituyente, convocada para que redactara la constitución de la llamada “Segunda República”, terminó por reformar la vieja carta magna aprobada en 1871. Los cambios más importantes fueron la creación de un régimen de instituciones autónomas, del Servicio Civil y de la Contraloría General de la República. También se aprobó el sufragio femenino, se concedió plena ciudadanía a la población afrocaribeña de Limón y se estableció el Tribunal Supremo de Elecciones…”. (Molina y Palmer, 2008: 11 y 12). El carácter reaccionario-reformista del gobierno del año 48, reflejó las contradicciones del surgimiento de la llamada Segunda República

¿Entonces, cuál es la caracterización de los acontecimientos del 48? Según José Figueres Ferrer, ideólogo, estratega militar y principal jefe político del movimiento político-militar del año 48, los sucesos acontecidos en esa época fueron una “Guerra de Liberación Nacional”, mientras que otros, ya sean participantes de los hechos del 48, como Alberto Cañas y muchos comentaristas la llaman “Revolución”, algunos historiadores como Iván Molina y otros los denominan “Guerra civil”,. Nuestra caracterización coincide con esta última posición. Por tanto, los enfrentamientos políticos-militares del año 1948 no fueron ni una “guerra de liberación nacional”, ni una “revolución” y que dichos acontecimiento no estuvieron tampoco dirigidos por “revolucionarios” a comos sostienen algunos autores, incluidos, escritores críticos como Schifter. Para nosotros, se produjo una guerra civil en la que se enfrentaron dos ejércitos que reflejaban distintas clases sociales, de la cual salieron vencedores las fuerzas del llamado Ejército de Liberación Nacional, acaudillado por José Figueres. Sin embargo, profundizado la caracterización consideramos que el movimiento figuerista y su Ejército de Liberación Nacional fueron una especie de reacción político-militar de los sectores burgueses oligárquicos, otros segmentos burgueses menos poderosos y de la pequeño-burguesía representada por el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales en contra del ascenso de la clase obrera y del comunismo.

Por una lado, las fuerzas gubernamentales conformadas por las “… fuerza armadas, la burocracia gubernamental, los maestros e intelectuales de izquierda y unos cuantos miembros de la clase capitalista…”. (Schifter, 1986, 107), junto al partido comunista que dirigía a sectores populares y clase obrera, principalmente, los obreros bananeros que conformaron las milicias populares. Según Jacobo Schifter de lado del Ejército de Liberación Nacional, dirigido por Figueres “… el principal apoyo durante la guerra provino de la oligarquía y de los legionarios extranjeros (…), junto con los profesionales de clase media…”. (Ídem). Este mismo escritor, sostiene que el ejército de Figueres “… estaba compuesto de oligarcas terratenientes (Marshall, Martén, Figueres, Orlich) o profesionales de clase media y hombres de negocios (Facio, Benjamín Núñez, Bruce Masis, Madrigal Nieto, etc.). Era clara la falta de participación de la clase obrera…”. (Ídem).

Sobre la Lucha Armada del Año 1948

Desde el punto de vista militar en el conflicto político-militar del año 1948 se producen dos tipos movimientos militares, la guerra de guerrilla y la guerra de posiciones. La primera se produce, principalmente, en el frente norte, San Ramón, San Carlos y otros. La guerra de posiciones se realiza en el frente sur, principalmente, Desamparados y otros lugares como Cartago y Limón. Además de otros frentes como San Isidro de El General, Dominical, El Empalme, El Tejar y otros. (Aguilar, 2004: 189). En las denominadas operaciones militares, Plan Magnolia y Plan Clavel, las fuerzas figueristas se toman los días 8 y 9 de abril del año 1948, se toman respectivamente, las ciudades de Cartago y Puerto Limón. Según Aguilar Bulgarelli “Estos planes tenían dos objetivos: el acorralar una parte muy importante de las fuerzas del gobierno, y segundo, tener acceso al mar. Este último detalle era imprescindible para un posible ataque a San José, para el cual se iba a necesitar armamento más pesado, imposible de transportar en avión. Además, Limón, constituía un centro calderonista de vital importancia, la toma de esta ciudad sería un rudo golpe moral para el gobierno y sus aliados”. (Aguilar, 2004: 201).

Los combates más fieros y duros se produjeron en San Isidro de El General y Casamata en el lugar llamado La Cangreja. El primer lugar era estratégico para las fuerzas de Figueres ya que por él aterrizaban los aviones que traían las armas de Guatemala. El Coronel dominicano, luego ascendido a General, Miguel Ángel Ramírez Alcántara, que dirigió las tropas figueristas en esos combates cuenta que “En el curso de la guerra, se libraron batallas de gran importancia por la intensidad, duración y poder destructivo sobre el enemigo, tales como las de El Empalme, El Tejar, etc. Pero ninguna de ellas presenta las características especiales que presentó la Batalla de San Isidro de El General. En ella se estaba jugando la suerte, en primer lugar, del único terminal aéreo de abastecimiento de materiales de guerra para poder continuar las operaciones militares, y segundo, era la retaguardia del Frente Norte, y si se perdía San Isidro, se le dejaba abierta al enemigo una arteria de comunicaciones rápidas desde el Pacífico, hasta llegar a El Empalme y a Santa María de Dota, puntos pivotales del Frente Norte”. (Villegas, 2002: 23). Más adelante el General Ramírez señala que “… en la Batalla de San Isidro de El General, se emplearon las reglas y tácticas de combate inherentes a las grandes batallas: se definen claramente distintas fases del combate, se emplearon movimientos de avances, de flanqueo y de infiltración, se lucha cuerpo a cuerpo por capturar nuevas posiciones protegidas por las fuerzas de asalto enemigas, por tres aviones que bombardean y ametrallan nuestras líneas por más de una hora para romper nuestra resistencia. Se emplean movimientos envolventes de retaguardia, etc. Cada fase de la batalla es planeada y decidida cuidadosamente, pues no me podía permitir el lujo de hacer un movimiento en falso, porque esto podía costarme la pérdida de la batalla”. (Ídem).

Por el lado del bando del gobierno de Picado, en alianza con el Partido Vanguardia Popular (PVP), los combates militares eran dirigidos por el General Enrique Somarribas Tijerino, el cual había combatido en Nicaragua al lado del General Augusto Cesar Sandino en contra de la ocupación yanqui en 1927. Cuenta Alberto Cañas, bajo el seudónimo de Barnaby, sobre la batalla de San Isidro de El General que “Tijerino, mediante una audaz y hábil maniobra, logró eludir a las fuerzas del coronel Ramírez, y se lanzó contra el pueblo. En un puesto muy cercano a San Isidro, conocido con el nombre de Puente de la Martín, se encontraba el teniente Edgar Sojo con un pequeño destacamento. Estos fueron los que sufrieron primero el endiablado de Tijerino, que fue en conjunto y sin lugar a dudas, la acción más brillante llevada a cabo por las fuerzas gobiernistas durante todo el curso de la guerra”. (Aguilar, 2004: 198). Al final de muchos cruentos combates, el general Tijerino cae y las tropas de la alianza del gobierno-PVP se retiran de San Isidro. Es necesario señalar que las tropas de dicha alianza eran dirigidas, además del General Tijerino por Carlos Luis Fallas.

Consecuencias Políticas del Conflicto Político-Militar del Año 1948

Con base en todo la anteriormente expuesto y analizados, arribamos a algunas conclusiones de carácter políticas tentativas, que esperamos depurar y refinar en un próximo documento.

1. La abolición del ejército y su prohibición constitucional en el año 1949, constituyó una gran maniobra política de las clases dominantes de Costa Rica, detrás de la cual se ha erigido toda una ideología burguesa-reaccionaria, de pacifismo, civilismo, diálogo, negociación, democracia y elecciones para resolver y dirimir los conflictos sociales en el país. Ideología de la cual se hacen eco, no sólo los sectores dominantes, sino también los demás sectores sociales, incluidos, los trabajadores, las burocracias sindicales y la izquierda costarricense. Este proceso de Costa Rica como nación promotora de la “paz” se vio reforzada por el otorgamiento del premio Nóbel de paz a Oscar Arias por su mediación en el conflicto político-militar de Centroamérica.

2. Producto del triunfo del figuerismo en el año 48 y de los subsiguientes gobiernos que, supuestamente han desterrado los fraudes electorales, han promovido y privilegiado los procesos electorales y la democracia burguesa, como máxima expresión de participación de las masas en la toma de decisiones y solución de la problemática social y económica. La gran mayoría de las masas costarricense, siguen creyendo y confiando en los procesos electorales. De aquí, que ningún partido político revolucionario serio debe soslayar la participación electoral, como una forma de llegar y ser escuchados en ciertos sectores, principalmente, de la clase obrera y otros sectores oprimidos. No participar en los procesos electorales es la muestra más palpable del peor sectarismo y aislamiento político en que se encuentra el trotskismo costarricense.

3. Producto de la victoria figuerista del año 48 y de los gobiernos que le sucedieron se desarrollo, por parte de las clases dominantes, una ideología anti-sindical y anti-comunista, que asumen como suyas no sólo las clases burguesas y clases medias, sino incluso, sectores de la clase obrera. En Costa Rica, muchos trabajadores consideran que los sindicatos no sirven para nada y que constituyen organizaciones corruptas y privilegiadas, cuando luchan por convenciones colectivas. El colmo es que hasta la burocracia sindical le capitula a estos prejuicios burgueses. Se llega a niveles de claudicación a la ideología burguesa anti-sindical que la mayoría de organizaciones no se denominan sindicatos, sino asociaciones, uniones, frentes y otros nombres. Ejemplos de esto son: APSE, ANDE, ANEP, UNDECA, ASDEICE, UNEBANCO y muchos otros. Aclaramos que, recientemente, APSE y ANDE se transformaron en sindicatos.

4. De la ideología anti-sindical del figuerismo, Alberto Martén, desarrolló una ideología reaccionaria nefasta para la clase obrera, el corporativismo solidarista, la cual parte de la conciliación entre las clases sociales (trabajadores y capitalistas) y la “paz social” en las empresas. El patrono concede a sus trabajadores un porcentaje a un fondo económico con el objetivo de a “ayudar” a los obreros en la solución de diversos problemas, a su vez, cada empleado también, de forma mensual, contribuye con un 5,33 por ciento de salario a dicho fondo. La mayoría de la clase obrera y de los trabajadores del sector privado está organizada en estos instrumentos de la patronal.

5. Los sectores burgueses, pequeño-burgueses y otros sectores sociales triunfantes del conflicto político-militar del año 48, se unificaron alrededor de posiciones ideológicas fuertemente anti-comunista, al grado tal que prohibieron, disolvieron y destruyeron toda la organización sindical que tenía vinculaciones con el Partido Vanguardia, así como que ilegalizaron a este partido político y prohibieron toda circulación de literatura marxista y revolucionaria. Esta ideología profundamente anti-comunista, a lo largo de los años, ha sido introducida e interiorizada por numerosos sectores de la población costarricense. Contra esta mentalidad y atraso de las masas costarricense, hay que trabajar contra-corriente, de ahí la necesidad de mantener una propaganda permanente de las posiciones políticas revolucionarias.

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