Martes, 25 de Septiembre de 2018

La falsa democracia en la propuesta económica del PAC. A propósito de J. Stiglitz en Costa Rica.

Miércoles, 05 Septiembre 2018 14:35

Joseph Stiglitz, premio nobel en economía, ve en Costa Rica un modelo de desarrollo sustentable, por lo que fue llamado por el gobierno de Carlos Alvarado para fungir como asesor en materia fiscal y de políticas económicas, y a presentar, en una serie de conferencias, sus ideas sobre la economía del bienestar.

En este sentido, partimos de las justificaciones teóricas al modelo económico de este país para comprender la irracionalidad del contenido político ecomómico de Stiglitz y de paso del gobierno del PAC.

Esta entrega además hace parte de un esfuerzo más amplio para abordar el problema del capitalismo semicolonial en Costa Rica.

 

El capitalismo como sistema complejo. Elementos teóricos.

 

El equilibrio capitalista es un fenómeno complicado; el régimen capitalista construye ese equilibrio, lo rompe, lo reconstruye y lo rompe otra vez, ensanchando, de paso, los límites de su dominio. En la esfera económica, estas constantes rupturas y restauraciones del equilibrio toman la forma de crisis y booms. En la esfera de las relaciones entre clases, la ruptura del equilibrio consiste en huelgas, en lockouts, en lucha revolucionaria. En la esfera de las relaciones entre Estados, la ruptura del equilibrio es la guerra, o bien, más solapadamente, la guerra de las tarifas aduaneras, la guerra económica o bloqueo. El capitalismo posee entonces un equilibrio dinámico, el cual está siempre en proceso de ruptura o restauración. Al mismo tiempo, semejante equilibrio posee gran fuerza de resistencia; la prueba mejor que tenemos de ella es que aún existe el mundo capitalista. (Trotsky, 1921, en: La situación mundial)

 

En 1997 la científica estadounidense Donella H. Meadows publicó un pequeño artículo, titulado Lugares donde intervenir un sistema, como contribución a la teoría de Sistemas Complejos, un método para comprender la realidad de manera dinámica -no mecánica o lineal- sino en desarrollo temporal y con un desarrollo complejo, que para gusto de esta escritora tiene muchas semejanzas con el método del materialismo dialéctico, pero de manera reduccionista y sin reconocer el aporte del marxismo en este campo.

 

Meadows plantea que existen puntos de apalancamiento para intervenir un sistema (para los efectos de esta nota un sistema económico), unos más efectivos que otros, utilizando en general los que generan cambios en el corto plazo, pero que resultan más inefectivos para la reconfiguración del funcionamiento del sistema en sí. Por ejemplo, aumentar la pensión alimenticia no garantiza que haya menos hogares jefeados por madres solteras en condiciones de pobreza, o endeudarse con organismos financieros internacionales para cubrir gastos inmediatos pero garantizando endeudamiento más grande en el futuro.

 

Otra anotación que hace Meadows, es que en caso de ubicarse un elemento adecuado y efectivo, si se presiona en la dirección equivocada, se obtienen efectos distintos a los esperados. Por ejemplo en el caso del INAMU, que reconoce el problema que tienen las mujeres para insertarse en el mercado laboral, pero que ejecuta, como “cura” a este mal, una política de emprendedurismo. El INAMU espera que haya mujeres empresarias y con ello incentivar el empleo femenino (es como un Frankenstein entre la teoría del goteo y el techo de cristal, en una versión tercermundista que salió muy mal), pero lo que consigue son emprendimientos de subsistencia con altas tasas de mortalidad, no llegar al grueso de las mujeres de clase trabajadora, despilfarrar los recursos del Estado, etc.

 

No es el objeto de esta nota centrarse en cada categoría de apalancamiento que propone Meadows, pero será útil una idea sobre los puntos más efectivos:

 

Poner manos diferentes en los grifos puede cambiar la tasa con la que se mueven, pero si son los mismos viejos grifos, instalados en el mismo sistema, accionados de acuerdo a la misma información, las mismas reglas y los mismos objetivos, el sistema no ha de cambiar mucho. Bill Clinton es diferente de George Bush, pero no tan diferente. (Meadows, 1997, p 4)

 

En esta línea planteamos las características más importantes que responden a la necesidad de modificar por completo la estructura de un sistema. En primer lugar, la auto-organización, cuya expresión social más amplia son las revoluciones, pero que constituye una dinámica que puede rastrearse en distintos niveles y ejemplos históricos: desde los soviets, pasando por la organización sindical, las federaciones estudiantiles, o las formas en las que se organiza la burguesía (cartels, trusts, etc.). Vemos estos elementos como puntos de apalancamiento de nuestra propuesta económica.

 

Un segundo punto de presión es la reconfiguración de las metas reales de un sistema: si la economía debe buscar la maximización de las ganancias privadas o la socialización de la riqueza; estas metas son contradictorias entre sí por lo que no es cierto que el capitalismo procure maximizar ganancias y el bienestar de toda la población a la vez.

 

En tercer lugar, se plantea el cambio de paradigmas o de las bases sobre las que se sostiene el sistema, el derecho de la propiedad privada es un ejemplo que aportamos.

 

En este sentido, los tres puntos son uno y el mismo: virar hacia el desarrollo de una sociedad donde no haya ganancia de una clase a costas de la explotación de otra, implica romper el régimen cimentado por el derecho de la propiedad privada, lo que no dejará muy contentos a los que se benefician de ese sistema y requerirá de la organización y lucha de una parte de la sociedad, específicamente la que produce, la clase trabajadora para enfrentar a la burguesía. Pero sin embargo es la base fundamental de cualquier propuesta económica seria hecha desde el ángulo socialista.

 

La reflexión que hace Trotsky sobre el equilibrio del capitalismo es ampliamente consistente. El capitalismo es un sistema complejo, que rompe y recompone su equilibrio, que tiene fallas, auges y crisis, pero en tres dimensiones: la económica, la de las relaciones entre clases, la de las relaciones entre Estados. Y es un sistema que demuestra su fortaleza en la recuperación y subsistencia, se trata de un organismo que no se destruye sólo, que requiere de revoluciones para dejar de existir tal cual y dar paso a una estructura nueva, con nuevos objetivos, composición y funcionamiento.

 

Ante un sistema que, a todas luces funciona mal, son muchos los intentos por presionar puntos inefectivos y cortoplacistas que no dan cuentas de los límites reales del capitalismo, de su obsolescencia y la necesidad de derribarlo y construir algo nuevo –la manera en la que la burguesía usa el Estado para contener las crisis del capitalismo tiene como contenido los intereses de un grupo que se beneficia de, o a pesar de, dicho funcionamiento-. Se trata de corrientes que entienden que existen problemas pero que se mantienen en el asistencialismo y la reforma, al punto que resultan absurdas. Por ejemplo, el PAC.

 

Pero también el keynesianismo y su “capitalismo con rostro humano”; así como sus desviaciones a la izquierda, como el reformismo, que plantea que por medio de avances en derechos y garantías podremos conseguir un sistema más aceptable hasta que resulte irreconocible el original; o hacia la derecha, como el Estado Socialdemócrata que, en Costa Rica, resultó constitutivo a partir de la Segunda República, y para el cual nuevas opiniones en torno a la economía del bienestar, subsidios a las pequeñas empresas, y en especial, apoyo al cooperativismo, le sustentan de formas tales que casi olvidan la existencia de la explotación y antagonismo de clases en nuestra “Suiza Centroamericana”.

 

La economía del bienestar. La propuesta de Stiglitz.

 

Según señala el economista y premio nobel, Joseph Stiglitz, en su manual de micoreconomía titulado La Economía del Sector Público:

 

La economía del bienestar es la rama de la economía que se ocupa de lo que denominamos cuestiones normativas (…). La cuestión normativa más importante para la economía del bienestar es cómo debe gestionarse una economía: qué debe producirse, cómo debe producirse, para quién y quién debe tomar estas decisiones. (2000, p69)

 

Y reflexiona sobre la eficiencia en el sentido Pareto, que establece el bienestar social como la situación de equilibrio en la que “no es posible mejorar el bienestar de ninguna persona sin empeorar el de alguna otra”. Claro está, este postulado tiene la carencia de que no da cuentas del antagonismo de clases -que el bienestar de los ricos es el malestar de los pobres-, y supone que la eficiencia se alcanza en la dinámica de mercado competitivo sin ningún tipo de centralización. A lo que Stiglitz responde:

 

Las causas de los fallos del mercado analizados hasta ahora impiden que la economía sea eficiente si no interviene el Estado. (…) El hecho que la economía sea eficiente en el sentido Pareto no nos dice nada sobre la distribución de la renta; los mercados competitivos pueden generar una distribución de la renta muy desigual y dejar a algunas personas unos recursos insuficientes para vivir. Una de las actividades más importantes del Estado es redistribuir la renta, y ése es el propósito expreso de los distintos programas sociales de transferencia. (p103)

 

Y así es como un premio nobel de economía justifica la intervención del Estado y la subsistencia del capitalismo. 11 años más tarde, en un artículo de opinión titulado La cura para la economía- frente a las consecuencias de la crisis de 2008-, Sitiglitz enfatizará en este punto, cual resulta clave en su elaboración sobre la economía del bienestar:

 

La receta para el mal que aqueja a la economía global se deduce inmediatamente a partir del diagnóstico: hacen falta sólidos programas de gasto público que apunten a facilitar la reestructuración, promover el ahorro energético y reducir la desigualdad; y junto con esto, una reforma del sistema financiero internacional que cree alternativas a la acumulación de reservas.
Tarde o temprano, los líderes mundiales (y los votantes que los eligen) se darán cuenta de que es así, ya que, conforme las perspectivas de crecimiento sigan empeorando, no les quedará otra alternativa. ¿Pero cuánto sufrimiento deberemos soportar hasta que eso ocurra? (Stiglitz, 2011)

 

Aparentemente mucho, si no se es capaz de comprender que lo que está mal es todo el sistema en sí. Para fortuna nuestra la auto organización de la clase trabajadora funciona parcialmente fuera de los márgenes de la teoría económica.

 

Se preguntarán, lectoras y lectores, sobre la pertinencia de citar a este personaje para analizar lo que ocurre con la economía costarricense y la dirección que ha tomado la política imperialista para esta semicolonia; finalmente, dirán, Stiglitz se diferencia, cada vez que puede, de las políticas de Trump y critica la orientación de la economía estadounidense en las últimas décadas.

 

Pero este análisis se hace pertinente en medio de que un bonapartismo débil como el de Trump (y el de Carlos Alvarado) deja nuestra economía –pequeña, abierta y dependiente de este socio comercial- a la deriva y en busca de una alternativa viable y teóricamente justificada que, sin embargo, no rompa con el sistema capitalista; o de una justificación de las gestiones económicas del PAC y sus ataques “con rostro humano” a la clase trabajadora.

 

Una oportunidad para que el PAC se limpie la mugre

 

En la conferencia pronunciada por el premio nobel, el pasado 26 de abril, intervinieron el mandatario saliente, Luis Guillermo Solís, y el actual presidente, Carlos Alvarado, ambos del Partido Acción Ciudadana (PAC). Esto le dio un matiz propagandístico a la actividad, con el objetivo de levantar la imagen a la gestión del PAC luego de una de las huelgas más concurridas de los últimos años (1) contra la aprobación de la Ley para el fortalecimiento de las finanzas públicas, proyecto que ataca directamente las condiciones de vida de la clase trabajadora.

 

Mientras Solís alardeaba de sus dotes de profesor universitario, revisando el recorrido económico y político de la burguesía costarricense y la abolición del ejército en 1948; Alvarado se comprometió con el desarrollo del cooperativismo y anunció la creación de un Consejo por la Economía Social que será dirigido por el vicepresidente Marvin Rodríguez, dirigente del Sindicato de Educadores Costarricense. Entre las intervenciones se señaló al cooperativismo como una “herramienta para hacer la economía más equitativa”.

 

El evento sirvió como justificación teórica, altamente cubierta por la prensa, de que la gestión del PAC – y de toda la burguesía anteriormente- había estado en “el mejor camino” posible: “Tener un modelo alternativo de sostenibilidad es importante para el resto del mundo. Aunque el país es pequeño, su influencia es importante.” (Stiglitz, 2018)

 

Stiglitz... ¿en el país de las cooperativas?

 

Para Stiglitz -Costa Rica hace parte de un grupo de países que se preocupa por el bienestar social, países que han decidido apoyar la economía e incrementar el crecimiento, pero en el camino correcto; que se preocupan por la seguridad de la sociedad, la armonía con los grupos que componen la sociedad y en la armonía con el ambiente- (2018). Además, elogió al país por usar fuentes naturales de energía. Aunque planteó que “hay mucho por hacer”, es de la opinión de que CR debe seguir haciendo como ha venido haciendo: “en el camino de la justicia social y económica”.

 

No se detuvo siquiera a reconocer el papel de instituciones estatales, que son conquistas ganadas en las luchas de la clase trabajadora, o a criticar la manera en la que la burguesía ha reprimido al pueblo trabajador que las ha tenido que defender en la calle, tampoco se hizo mención de la reciente huelga contra el gobierno del PAC convocada por los sindicatos, sino que saltó vertiginosamente de la abolición del ejército al “Estado Social de derecho” y, de ahí, a las cooperativas:

 

Las alternativas incluyen la economía social, donde las cooperativas desempeñan un papel central. Algunas ideas clave (de las cooperativas) son anteponer el bienestar de las personas, no solo el bienestar material, reconociendo que somos nuestras preferencias, creencias, actitudes hacia los demás. (Stiglitz, 2018)

 

En este punto Stiglitz tiene un matiz de izquierda, para tratarse de un economista que estuvo al frente del Banco Mundial, pues se interesa por procesos institucionales, administrativos y productivos donde los trabajadores sean quienes tomen las decisiones:

 

Incluso en Estados Unidos, la más capitalista de las economías capitalistas, hay una gran variedad de arreglos institucionales. Algunas de las instituciones más exitosas no son para obtener ganancias, algunas son instituciones en las que los trabajadores han asumido dicho gobierno, y otras son en su mayoría cooperativas. (…) Una de las firmas más exitosas ha sido Sears Roebuck, donde parte de la propiedad es de los trabajadores, y lo hicieron porque el propietario original se dio cuenta de que la participación de los trabajadores realmente importaba, con el tiempo era más propiedad y hoy es común recompensar y reclutar trabajadores ofreciéndoles una parte de la corporación… (2018)

 

Se preguntarán si es posible pasar de un empresario generoso al socialismo, pero Stiglitz, lejos de ir al ejemplo más emblemático y democrático de organización de trabajadores y trabajadoras en la historia -los soviets, o consejos de trabajadores que administran toda la economía nacional- se refiere a formas donde la participación de la clase trabajadora está limitada por procesos burocráticos y el derechos de propiedad que dan las acciones. ¿Y porqué se enfoca en este tipo de organización económica? Tal como él mismo señala, porque la forma tradicional de organización capitalista no está generando rendimientos suficientes:

 

Aquellos países que permiten más desigualdad no crecieron más rápido (luego de la guerra fría), abandonaron la cohesión social pero también abandonaron el crecimiento económico. (…) En ese sentido EEUU tiene mucha más desigualdad que otros países. (…) Los CEOs en Estados Unidos han tenido ingresos mucho más altos que otros profesionales, incluso en el mercado de valores, hasta el punto en que el CEO promedio de una gran empresa estadounidense obtiene más de 300 veces el salario que el resto de los trabajadores en esa empresa (…)

 

Y no es de extrañar que resulte problemático que un alto ejecutivo tenga ganancias tan onerosas en medio de una economía convulsa e inestable y con crecimiento incierto (2). El premio nobel reconoce que la acumulación de capital en pocas manos implica una barrera para la reproducción de ese capital. Finalmente, esa riqueza, está acumulada, contenida, limitada.

 

El “coqueteo” de Stiglitz con el hecho de que los trabajadores tomen decisiones en la economía tiene el siguiente ordenamiento lógico: La desigualdad implica que la riqueza está concentrada en pocas manos, esto detiene la generación de nuevas fuentes de ganancia y crecimiento, por lo tanto la desigualdad genera crecimiento lento. Pero en lugar de advertir que esa contradicción o comportamiento según el cual el capital tiende a rendimientos marginales decrecientes, introduce un elemento que para Keynes fue vital en el rescate del capitalismo:

 

En una economía que presumen de que las generaciones mejoran sus ingresos, resulta que los ingresos permanecen como hace 42 años. Lo que sí era verdad en las décadas de los 50s y 60s, décadas de la post guerra, ya no lo es. Esto genera enojo en esas “generaciones”. Esto permitió el ascenso de Trump en medio de convenciones republicanas donde abundaban los hombres blancos enojados debido a que el sistema que les prometió mejores ingresos les ha fallado por 2 generaciones. Con una inflación estable esta situación es difícil de imaginar. (Stiglitz, 2018)

 

Sin analizar elementos como el ascenso en las luchas de trabajadores y trabajadoras a nivel mundial, sin reconocer que las mujeres del mundo han paralizado las calles, Stiglitz señala que la gente está enojada. Esto no necesariamente debería acabar en el ascenso de una figura misógina y xenófoba como Trump, pero en medio de una promesa que el capitalismo no cumplió para los “hombres, blancos, heterosexuales” en Estados Unidos, el enojo se mezcla con ideología burguesa y las contradicciones entre clases sociales se hacen más agudas deviniendo en expresiones políticas como sucedió con el Fascismo en la segunda Guerra Mundial. Es ahí donde el progresismo económico burgués, que el Dr. Stiglitz representa, concluye: para rescatar el Capitalismo hay que mostrar un rostro humano, democrático, en armonía con el ambiente, con igualdad de género

 

Stiglitz ubica que hay algo en este sistema que funciona muy mal, ante lo cual culpa al liberalismo, a la escuela de Chicago y a las ideas de Milton Friedman:

 

La teoría era que impulsaría la economía, la incentivaría a liberarla y la economía crecería más rápido. Bueno, no sucedió, la economía creció más lentamente, los bancos descubrieron cómo ganar dinero mediante la explotación y hay muchas maneras de hacerlo (…) Se hace más dinero explotando que creando. (2018)

 

No es la primera vez que “el progresismo” tiene opiniones compartidas con el marxismo (aunque nunca le reconozca su autoría). Sí, es por medio de la explotación que se generan ganancias. Pero la receta de Stiglitz es francamente decepcionante: democracia limitada para la clase trabajadora, y mejores condiciones de vida, nunca salirse de los márgenes del sistema capitalista. He aquí un claro ejemplo de lo que para Meadows es ubicar correctamente un problema, y presionar en la dirección equivocada.

 

¿Cooperativas en Costa Rica como modelos de democracia participativa de las y los trabajadores?

 

Stiglitz dibuja un cooperativismo lleno de ventajas para el desarrollo del capitalismo sobre la base de la participación de los trabajadores en la toma de decisiones vinculantes para las empresas. Sin embargo, esta idea no es más que una ilusión del capitalismo. La participación democrática de los trabajadores en la toma de decisiones sobre la producción y la distribución de la riqueza es incompatible con el derecho a la propiedad privada que es el paradigma eje del sistema económico de explotación capitalista (retomando el método de sistemas complejos).

 

El modelo cooperativo que establece la legislación costarricense, base de la política económica de Stiglitz y del PAC (en las palabras, pues en los hechos se endeudan igual que los más neoliberales y después procuran hacer pagar a los trabajadores esas deudas) permite formar 4 tipos de cooperativas: a) tradicionales, donde los socios aportan capital; b) de integración, compuestas por organismos; c) de cogestión, que están formadas por patronos y trabajadores; d) de autogestión, que se componen de trabajadores y trabajadoras (4). La distribución porcentual de estas categorías puede apreciarse en la siguiente imagen:

 

 

 

 

Fuente: Elaboración propia, datos Estado de la Nación 2012.

 

Esta forma de organización está abierta a trabajadores, patronos, entes públicos, etc. Incluso es sabido que el Partido Liberación Nacional (PLN) destina espacio y presupuesto para la participación de las cooperativas en sus procesos internos de elección y, como explicamos anteriormente, el nuevo presidente del PAC se comprometió con este tipo de organizaciones que no dan cuentas de las brechas y contradicciones entre clases sociales.

 

Todas estas formas de cooperativas tienen como órgano más importante la asamblea de asociados, que debe reunirse, como mínimo, una vez al año, y que elige un Consejo de Administración. Este consejo (que convoca las asambleas), a su vez, es el encargado de contratar a un gerente, que será el responsable de ejecutar las decisiones del consejo y sobre él recae la tarea de contratar y despedir empleados. En este entramado impregnado de burocracia, la presunta estructura democrática se diluye en los cargos, y las decisiones rara vez recaen sobre la asamblea general, cuya función más notable y habitual es la elección del Consejo de Administración. O sea, en la mayor parte de las cooperativas que son eje político de Stiglitz y del PAC, los trabajadores realmente no toman ninguna decisión.

 

En Costa Rica el 21% de la población forma parte de una cooperativa, y estas concentraron 21.632 empleos directos en 2012. Resulta útil contrastar estos datos con los de otras formas de organización laboral durante el mismo año, según el Anuario Estadístico del Ministerio de trabajo (MTSS) publicado en 2014:

 

Forma de organización

Cantidad

Personas asociadas o afiliadas

Participación en la ocupación a nivel Nacional

Cooperativas

549

887.335

1,08%

Asociaciones Solidaristas

1.394

309.715

15,25%

Sindicatos

262

193.093

9,68%

 

Como se puede observar, la cantidad de asociaciones solidaristas supera al cooperativismo y al sindicalismo en número. Y mientras las cooperativas recogen más asociados, representan el rubro más bajo en términos de ocupación (1,08%), lo que quiere decir que la mayoría de los ocupados se afilia antes a una asociación solidariasta (15,25%) que a una cooperativa o a un sindicato (9,68%). Cabe preguntarse sobre la conformación social de las cooperativas o las condiciones bajo las cuales emplean personal. Al mismo tiempo, llama la atención que sean las formas de organización que tienen como objetivo defender los derechos de la clase trabajadora, los sindicatos, los menos numerosos y que recogen menos afiliados.

 

La propuesta de Stiglitz, en los hechos, no funciona porque no se trata de verdadera democracia obrera. Aunque es correcto apuntar a que el único sector que puede modificar el curso de la historia es la clase trabajadora tomando decisiones sobre la producción, administración, política, etc., la “cura” impulsada por Stiglitz, o por el gobierno del PAC, para el desarrollo del país, lejos de esto, constituye una ilusión de democracia compuesta por pequeñas reformas y confianza en los empresarios antes que en el pueblo trabajador. Nosotros no creemos que sea una democracia abstracta y llena de impedimentos la que pueda resolver los principales problemas económicos de las masas, sino que creemos que es la democracia de la clase trabajadora la que puede resolver esos problemas.

 

Lo más grave del planteamiento de Stiglitz es hablar de desigualdad social y no dar cuentas de que existe antagonismo de clases, lucha entre clases, pero este no es un error teórico, sino un crimen ideológico, al punto que hace mofa de los burgueses liberales que dan cuenta de este fenómeno sin titubeos: “Warren Buffett, uno de los estadounidenses más ricos, dijo que hemos estado teniendo guerra de clases y la suya ha estado ganando” (Stiglitz, 2018). Podemos decir que al menos Buffett no esconde sus intereses tras discursos sobre la paz, el amor, y el ambiente.

 

La capacidad de auto-organización dentro de un sistema, no puede ser ilusoria ni artificial, sino que responde a las contradicciones internas del sistema en sí. Sin este elemento general un cambio de paradigma, modelo o dirección, sólo puede ser temporal y superficial. Tal como la crítica de Stiglitz al capitalismo.

 

El gobierno del PAC, de unidad nacional, esconde tras la careta progresista los intereses de los empresarios cuya más reciente expresión es la propuesta del ajuste fiscal que le cobra la crisis a la clase trabajadora (3), sin olvidar la garroteada en Moín para garantizar la apertura del muelle al capital transnacional, esconde también los intereses de los conservadores y la contención de la lucha de las mujeres y la comunidad LGBT, tan “democrático” el PAC. Se trata de un gobierno de unidad nacional de la burguesía y las iglesias, donde lo único que intentan sostener es la explotación y opresión que sufre el pueblo trabajador a mano del capital imperialista y las instituciones patriarcales. El PAC es incapaz de sacar de la crisis fiscal al país, porque quienes dirigen sus políticas son los mismos que crearon esa crisis.

 

Contrario a este desbarranque lógico de la economía del bienestar, en OS resaltamos la lectura de Trotsky. El capitalismo es un sistema complejo, con auges y caídas en sus distintas esferas, que demuestra su fortaleza en la recuperación, cuyos límites históricos están definidos por la miseria de las masas asalariadas, que se sostiene sobre la explotación de una clase por la otra. Para derrotarlo hace falta la constitución de instancias de auto organización de la clase trabajadora, con independencia de la burguesía y los empresarios, que, bajo una dirección revolucionaria, deben tomar el control de la vida política, la producción, las relaciones comerciales, y el destino de la humanidad, en sus propias manos.

 

Por organismos democráticos y control obrero de la producción

 

No es nuestra intención desechar de plano el modelo corporativista, lo que rechazamos es el modelo corporativista diseñado para contener el antagonismo de clases y sostener al Capitalismo. Estamos por que los y las trabajadoras puedan efectivamente tomar las decisiones sobre la producción, la inversión, y por la eliminación de la apropiación privada de los medios productivos.

 

Esto pasa también por crear instancias de organización que vaya más allá de las consignas inmediatas y parciales que plantean las dirigencias sindicales, mismas que convocan una huelga contra el ajuste fiscal pero que se contentan con negociar con el gobierno en función de sus propios intereses.

 

¡Que la crisis fiscal no la pague el pueblo trabajador sino los empresarios!

¡Por libertad sindical para todos los sectores de la economía!

¡Por la distribución de la jornada en todas las manos disponibles que elimine el desempleo, mediante la reducción de la jornada a 6 horas de trabajo!

¡Por la democratización de todas las formas de organización laboral con independencia de los patronos y el gobierno!

¡Por la expulsión de los dirigentes burocráticos de los sindicatos! Son estos dirigentes, como Marvin Rodríguez y Albino Vargas, los que también embaucan políticamente a los trabajadores

 

Notas:

1) Organización Socialista Costa Rica. (2018). Más de 80 mil trabajadores marcharon en la capital de Costa Rica contra el ajuste fiscal. En https://www.laizquierdadiario.com.ve

2) Paula Bach, (2018). Tensiones emergentes en la coyuntura económica internacional. En: www.laizquierdadiario.com.

3) Estefanía R., (2018). En medio de las elecciones ataques a la clase trabajadora. En: http://www.organizacionsocialista.org

4) IV censo de cooperativo, Estado de la Nación, 2012

 

Bibliografía:

Trotsky. L. (2008). El Capitalismo y sus crisis. Buenos Aires. IPS-CEIP.

Donella H. Meadows. (1997). Lugares dónde intervenir un sistema. Whole Earth. En: www.cacitgroup.com.

Stiglitz, J. (2000). La economía del Sector Público. Antoni Bosch, Universidad de Alcalá.

Stiglitz, J. (2011). La cura para la economía. El País. En: elpais.com.

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